El sol cuenta

Jesus de los Angeles Valdivieso Alarcon

El sol le cuenta a sus niños:
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Dicen que fue 
un amor nacido para doler desde el inicio,
allí donde el río Santa corta la tierra.
Illari Cusi entregó su alma a Nayla,
pero encontró un muro más alto que los Andes.
El Gran Chimú lo miró desde su trono de barro
y con desprecio le cerró el paso:
«Vete, extranjero. Mi hija no es para ti».
Separados por linaje y odio,
ella lloró una súplica de despedida:
«Sálvame de mi padre, sácame de esta jaula».
Y el príncipe se marchó con el pecho roto,
cargando la promesa de volver.


Pero la tristeza se hizo fuego y acero.
Illari convenció al Inca de marchar,
y la guerra fue un camino triunfal hacia el norte.
Chan Chan cayó, sus muros se quebraron,
y el tirano Minchançaman murió bajo las lanzas.
Entre el polvo, Illari la encontró.
¡Qué momento de gloria!
La abrazó sobre las ruinas de su enemigo,
sintiendo el mundo suyo.
La besó con la fuerza de mil victorias
y gritó a los vientos:
«¡En una semana serás mi esposa en el Cusco!».
Todo era perfecto, la dicha era absoluta.

Llegó el día de la boda, el sol brillaba alto,
pero el Inca Túpac Yupanqui no sonreía.
Detuvo a su hijo antes de entrar al templo
y sus palabras apagaron la luz de golpe:
«Detén tu alegría, hijo mío, te han engañado.
Esa mujer no te amaba, solo usó tu espada.
La encontramos huyendo, lejos del palacio,
entregada a los brazos de un sucio soldado,
un guardia chimú sin nombre ni honor».
Illari sintió el frío vacío de la burla;
tanta muerte, tanta guerra, para nada.

El Inca vio el dolor en los ojos de su hijo,
y con una voz tranquila, que helaba la sangre,
le dio el consuelo final:
«No llores más por los traidores.
Ya los he capturado y su destino está sellado.
Mañana, para celebrar tu libertad,
beberemos la chicha más dulce de todas
usando sus cráneos vacíos como copas».

*************
El sol abrigó a sus niños.

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