El lamento del dragón sin tesoro

Chloé Ricciardo

Ya no brillan las monedas al sol de la mañana,

ni la plata en la cueva su canto repite.

Sólo habitan el musgo, la sombra vana,

y el silencio que muerde donde el oro medraba.

Se fue la luz del rubí, la espada antigua,

el collar de la reina, la copa del enano.

Sólo queda la roca, fría y ambigua,

y el recuerdo de un fuego que fue soberano.

No fue un héroe de escudo, ni un hechizo profundo,

lo que abatió la guarida de escamas y coraje.

Fue el olvido, ese ruido sordo en el mundo,

que carcome hasta el hueso. 

Ahora duermo en la penumbra, sin contar mi riqueza,

sin custodiar nada, ni siquiera mi propia tristeza.

Y respiro un vapor que no quema, no arde,

porque el tesoro perdido… era el querer guardarlo.

Llevate gratis una Antología Poética ↓

Recibe el ebook en segundos 50 poemas de 50 poetas distintos


Comentarios +

Comentarios1

  • LOURDES TARRATS

    Hola, Poeta,
    Tu poema es una meditación poderosa sobre la verdadera naturaleza del tesoro y la lenta acción del olvido. Me impresiona cómo, verso a verso, logras desmontar la idea heroica del guardián —ese dragón que solemos imaginar invencible— para revelar una verdad más honda: no es la espada ni el hechizo lo que desmonta un reino, sino la erosión silenciosa del tiempo.

    La desaparición del brillo, del rubí, de la espada, funciona aquí como una metáfora precisa de lo que pierde valor cuando la memoria se apaga. Y la confesión final —“el tesoro perdido… era el querer guardarlo”— da la vuelta completa al mito: lo valioso no era el objeto, sino el vínculo emocional con él.

    Un poema que habla de renuncia, de la fragilidad del poder y de la sabiduría que llega cuando la llama ya no quema. Hermosísimo.



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.