A Moisés Gallego
Han llegado a ti los inviernos,
a tu pesada madera,
al descompuesto color
de tu alegría párvula
-esa misma alegría
que se quedó niña en el tiempo -
Las manos que abrían y cerraban
como párpados alegres
tus tablones,
se han ido perdiendo
en un polvo arrugado y yerto.
Si te vieras al espejo,
con los ojos astillados que tienes,
verías lo malvado que son los años
y lo infame de sus días que pasan
y no detienen
la indolencia de su marcha;
verías cómo una costra enferma
va haciéndose grande
y botando tu aldaba,
echándola afuera como un diente flojo;
verías la presencia
de una multitud de agua
y sus lágrimas ir cayendo,
descuajadas,
en cada una de tus vetas,
dejando en ellas
la simpleza de un triste
y apiscaguado manchón oscuro.
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Autor:
Manuel Valles (
Offline) - Publicado: 24 de noviembre de 2025 a las 02:33
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 16
- Usuarios favoritos de este poema: Salvador Santoyo Sánchez, Mauro Enrique Lopez Z., prosainefable, JUSTO ALDÚ, ElidethAbreu

Offline)
Comentarios1
El poema respira una melancolía que va carcomiendo la materia y el espíritu: una puerta-cuerpo que envejece, se astilla y llora con la misma impotencia con que los años avanzan. Las imágenes —la aldaba como diente flojo, el polvo yerto, la “multitud de agua”— construyen una atmósfera de lenta descomposición donde el tiempo no solo pasa, sino que hiere. La voz poética observa ese deterioro con una mezcla de ternura y desolación, logrando que el objeto se vuelva espejo de la fragilidad humana.
Saludos
Ciertamente, uno va envejeciendo a la par de aquellas cosas que uno ama, como en este caso una puerta. Sin embargo, para la buena suerte de las cosas, éstas pueden ser reparadas, en cambio las personas no. Triste realidad. Saludos, mi estimado poeta, JUSTO ALDÚ.
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