Puerta antigua

Manuel Valles

A Moisés Gallego 

 

Han llegado a ti los inviernos,

a tu pesada madera,

al descompuesto color 

de tu alegría párvula 

-esa misma alegría 

que se quedó niña en el tiempo -

Las manos que abrían y cerraban

como párpados alegres

tus tablones,

se han ido perdiendo

en un polvo arrugado y yerto.

 

Si te vieras al espejo,

con los ojos astillados que tienes,

verías lo malvado que son los años

y lo infame de sus días que pasan

y no detienen

la indolencia de su marcha;

verías cómo una costra enferma

va haciéndose grande

y botando tu aldaba,

echándola afuera como un diente flojo;

verías la presencia

de una multitud de agua

y sus lágrimas ir cayendo,

descuajadas,

en cada una de tus vetas,

dejando en ellas

la simpleza de un triste

apiscaguado manchón oscuro.

Llevate gratis una Antología Poética ↓

Recibe el ebook en segundos 50 poemas de 50 poetas distintos


Comentarios +

Comentarios1

  • JUSTO ALDÚ

    El poema respira una melancolía que va carcomiendo la materia y el espíritu: una puerta-cuerpo que envejece, se astilla y llora con la misma impotencia con que los años avanzan. Las imágenes —la aldaba como diente flojo, el polvo yerto, la “multitud de agua”— construyen una atmósfera de lenta descomposición donde el tiempo no solo pasa, sino que hiere. La voz poética observa ese deterioro con una mezcla de ternura y desolación, logrando que el objeto se vuelva espejo de la fragilidad humana.

    Saludos

    • Manuel Valles

      Ciertamente, uno va envejeciendo a la par de aquellas cosas que uno ama, como en este caso una puerta. Sin embargo, para la buena suerte de las cosas, éstas pueden ser reparadas, en cambio las personas no. Triste realidad. Saludos, mi estimado poeta, JUSTO ALDÚ.



    Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.