I
El viento le da saludo,
la montaña lo admira,
morichales en su lira
cantan coro casi mudo.
Los peces, sin alas, rudo
vuelo emprenden de emoción,
las doncellas en canción
se arrodillan cual sirenas,
y las babas con sus venas
lo veneran sin razón.
II
Por los campos va volando,
con sus alas de tormenta,
cada amor que se presenta
lo abandona suspirando.
El coraje va quebrando,
su corazón se consume,
y aunque el llano lo resume
en paisajes de consuelo,
su destino es puro vuelo
que la soledad resume.
III
Más un día halló ternura,
el amor que lo esperaba,
y en sacrificio cortaba
sus alas de desventura.
La sangre fue su escritura,
ligada al pecho profundo,
y al caer dejó en el mundo
un canto de despedida:
el llano le dio la vida,
y el amor lo hizo difunto.
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Autor:
RENJOSLO (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 22 de noviembre de 2025 a las 21:39
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 36
- Usuarios favoritos de este poema: Jacho, Tommy Duque, benchy43, El Hombre de la Rosa, JUSTO ALDÚ, Mauro Enrique Lopez Z., alicia perez hernandez, Alqalat, EmilianoDR

Offline)
Comentarios2
Geniales son tus hermosas estrofas estimado Renjoslo
Saludos afectuososn desde España
El Hombre de la Rosa
SALUDOS DE LA ROSA
Tu poema despliega una estampa llanera cargada de fuerza simbólica, donde la naturaleza se vuelve coro, testigo y espejo del protagonista. La primera parte levanta un paisaje casi mítico: el viento saluda, la montaña contempla, los morichales musitan y hasta los peces —rebeldes a su condición— quieren volar. Todo vibra alrededor de una figura que es más que un hombre: es leyenda en tránsito.
En la segunda sección, el vuelo deja de ser hazaña y se vuelve condena. Cada amor que toca lo abandona, como si sus alas fueran tanto don como castigo. El llano lo acoge, lo comprende, pero no puede salvarlo de sí mismo, y esa tensión entre la vastedad del paisaje y la estrechez de su destino añade un matiz trágico.
La última estrofa remata con poética hondura: el amor, ese que al fin lo espera, exige un sacrificio que lo despoja de aquello que siempre lo definió. Y aun así, su caída no es silencio sino legado; deja un canto, deja un eco, deja un símbolo. El llano le dio origen, el amor le dio fin, y entre ambos queda la huella de un personaje que vivió suspendido entre la libertad y la renuncia.
Un poema de tono épico y corazón dolido, donde el paisaje y el hombre se funden en una misma tragedia luminosa.
Saludos
SALUDOS GRACIAS POR LEER
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