La vejez llega despacio,
como un gato sabio que conoce
cada sombra del pasillo
y decide recostarse justo
en el recuerdo que más duele.
Viene con su tacto frío
y su ternura torpe,
deshilando el calendario
hasta dejarlo en puro eco,
un tambor suave
que late donde antes hubo fuego.
Hay días en que se sienta a mi mesa
y revuelve la taza del café
para mostrarme que el tiempo
no se acaba:
solo cambia de color,
a veces ámbar,
a veces humo,
a veces un murmullo
que se aferra a los rincones.
La vejez no pide permiso;
abre cajones,
saca fotos,
reordena mi voz
hasta volverla más lenta,
pero también más honda,
como un río que aprendió
a no desbordarse.
Y, sin embargo,
en su rumor de madera antigua,
hay una enseñanza:
que el cuerpo se arruga, sí,
pero el alma —caprichosa y luminosa—
sigue creciendo hacia arriba,
tronco que insiste,
rama que aún busca cielo.
A veces me sorprende
esa calma de tormenta extinguida
que me deja en la piel;
como si la vida,
esa artista impredecible,
hubiese decidido firmar su obra
justo cuando yo pensé
que ya no quedaba lienzo.
Y así camino,
con mis grietas,
con mi música lenta,
con la memoria que a ratos cojea
pero siempre vuelve a casa.
La vejez no es un final.
Es una lámpara que parpadea
pero nunca muere.
Una última claridad
que aún me dice:
“mira bien…
todavía queda belleza por nombrar”.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2025
-
Autor:
JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 21 de noviembre de 2025 a las 13:18
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 70
- Usuarios favoritos de este poema: Poesía Herética, Llaneza, Sierdi, Tommy Duque, Hernán J. Moreyra, alicia perez hernandez, Jose de amercal, Emilia🦋, EmilianoDR, Menesteo, Carlos Baldelomar, MISHA lg, 🇳🇮Samuel Dixon🇳🇮, Alexandra I, Lualpri, AnnaSerena28, Mauro Enrique Lopez Z., Alejandro Diaz Quero, Rafael Escobar, benchy43, LOURDES TARRATS, Una voz, El Hombre de la Rosa, JacNogales, JoseAn100, Jaime Correa, Mª Pilar Luna Calvo, Javier Julián Enríquez, Freddy Kalvo, Mael Lorens

Offline)
Comentarios11
Gracias Justo en nombre de a los que nos adornan las canas, por tanto juventud acumulada y una lenta serenidad.
Saludos cordiales.
Gracias a ti por leerme y comentar amigo
Saludos
Cuánta juventud retienen esas canas que, a veces tienen ganas como la multitud.
Sin embargo, todo lo acumulado a remolque es llevado cuán un velo de tul.
A veces va danzando como un añejo vino, dentro de lo divino, que guarda el corazón.
Amigo Justo, es un placer pasar por tus letras y saborearlas como ese añejo vino.
José Ares
Asi es amigo. Muchas gracias por leerme y comentar.
Saludos
Texto luminoso, hondo, y lleno de una belleza que abraza en lugar de asustar. Me gusto mucho.
Gracias por leerme y comentar Silvana.
Saludos
La vejez es del cuerpo no del alma
y asi es estamos creados para un
tiempo de vida, la vejez es inevitable
como vivirla es de cada quien poeta
bellas letras gracias por compartir
La vejez no es un final.
Es una lámpara que parpadea
pero nunca muere.
Una última claridad
que aún me dice:
“mira bien…
todavía queda belleza por nombrar”.
besos besos
MISHA
lg
Gracias por leerme y comentar amiga.
Saludos
Bellas letras referidas a la vejez, estimado amigo Justo.
Muchas gracias.
Buen fin de semana.
Un abrazo.
Gracias Luis por leerme y comentar amigo
Saludos
Sensible y poético tu mensaje sobre la vejez. Pero yo la definiría de la siguiente manera: La vejez: Cúmulo de aprendizajes elaborada con los más hermosos y los más melancólicos y tristes momentos de la existencia. Los cuales la convierten en la más nutrida y abundante biblioteca para las futuras generaciones. Mis felicitaciones llegan a ti con mi fraternal.abrazo y mi sincero y leal aprecio.
Muy bien Rafael.
Gracias por tu visita, lectura y comentario.
Saludos
Excelente, amigo, me diste justo donde me duele. Aunque en realidad son pocas las partes del cuerpo que no me duelan.
Un cordial abrazo.
jejeje. Todos vamos hacia allá benchy, Muchas gracia por tu visita y comentario.
Saludos.
Querido Justo,
¡Que poema tan impresionable, amigo mío! aborda la vejez con una lucidez que penetra: no como un derrumbe, sino como un estado de conciencia más hondo, más silencioso, más verdadero. Me parece admirable cómo logras mostrar sus aristas: el dolor inevitable, sí, pero también la suavidad nueva, esa claridad que solo llega cuando la vida ya ha dejado de apresurarnos.
El “gato sabio” que se posa justo en el recuerdo que duele es una imagen extraordinaria: describe con precisión ese modo íntimo en que la edad nos obliga a mirarnos. Pero también está la otra cara —la que a menudo se calla—: la calma que se instala, la voz que se vuelve más profunda, el alma que crece hacia arriba aun cuando el cuerpo se recoge.
Has expresado con belleza que la vejez no es un final, sino una luz distinta. Más tenue quizá, pero también más fiel. Una lámpara que parpadea, sí, pero que sigue revelando rincones que antes no sabíamos mirar.
Tu poema recuerda algo esencial:
que el tiempo hiere… y a la vez depura;
que nos quita fuerza… pero nos da sentido;
que arruga la piel… pero afina la mirada.
Una meditación honesta y luminosa sobre ese trayecto de la vida donde, a pesar de todo, todavía queda belleza por nombrar.
Gracias por escribir sobre lo que tantos disimulan.
Un abrazo enorme.
—LOURDES
Amiga Lourdes,
Recibo tus palabras como quien abre una ventana después de un largo invierno: Tu lectura no solo acompaña al poema; lo ilumina, le da un pulso nuevo, como si lo leyeras por dentro, desde ese territorio donde la experiencia ya ha aprendido a hablar con voz baja.
Me alegra que hayas visto en esos versos no una derrota del tiempo, sino ese estado distinto —más hondo, más decantado— en que uno empieza a comprender de verdad lo vivido. Y claro, no me considero viejo, pero es un estado natural al que llegamos todos. La vejez, si se la mira con serenidad, tiene ese extraño talento: duele, pero también afina; pesa, pero también revela. Ese “gato sabio” del poema es, quizá, la forma más tierna que encontré para nombrar la memoria cuando deja de perseguirnos y empieza, por fin, a sentarse a nuestro lado.
Gracias por leer con corazón abierto, por encontrar la luz tenue que se esconde en los pliegues, por no temerle al temblor del tiempo. Tus palabras acompañan como un pañuelo tibio sobre la frente cansada: reconfortan sin hacer ruido.
Ya recibí el correo. Cualquier consulta me avisas.
Un abrazo lleno de estima y gratitud,
Justo
Que tengas un bello dia de semana con la familia.
Un abrazo fuerte.
-LOURDES
Hermosas y geniales son tus bellas estrofas sobre la Edad Humana estimado poeta y amigo Panameño Justo Aldú
Saludos afectuososn desde el Norte de España
El Hombre de la Rosa
Muchas gracias Críspulo por acercarte a mi espacio, leer y comentar.
Saludos hasta España.
Muchas gracias, amigo JUSTO, por este bello y reflexivo poema, en el que se puede apreciar la evocación de la inexorable llegada de la senectud, personificada como un ente sabio y observador. Así, el poema nos invita a reflexionar sobre la transformación del tiempo, que, lejos de ser un mero transcurrir, se manifiesta en una transformación, como si dijésemos, cromática y sonora. Desde esta perspectiva, la vejez, como una escultora implacable, moldea el cuerpo, pero, paradójicamente, exalta el espíritu, que, como un tronco vigoroso, persiste en su búsqueda ascendente. En este aspecto, el poema nos lleva a reflexionar sobre la belleza inherente a la existencia, incluso en sus etapas finales. Así las cosas, la serenidad que la vejez inspira es como una calma que, tras un período de tempestad, nos invita a recapacitar sobre la esencia de la vida misma. Es como una obra maestra que se revela en el ocaso, que nos brinda una perspectiva única y profunda sobre la existencia. Por ende, el poema es una muestra de la capacidad del espíritu humano para sobreponerse a las adversidades y perseguir sus anhelos, toda vez que nos recuerda que la vida, en su esencia, es un acto de creación constante.
Un cordial saludo y fuerte abrazo con mi más afectuoso aprecio
Recibo tus palabras como quien recoge una copa fina que tiembla entre las manos: con gratitud, con cuidado y con ese leve estremecimiento que provoca lo auténtico. Tu lectura, tan lúcida como generosa, ilumina el poema desde un ángulo que acaso ni yo mismo había advertido, y lo hace respirar con un aire nuevo, más hondo, más diáfano.
Has puesto en palabras algo esencial: que el tiempo, aun cuando arrastra recuerdos y apaga ciertos fuegos, también pule la mirada, vuelve más nítido el latido interior y revela una belleza silenciosa que solo se deja ver desde cierta altura del camino.
Tus reflexiones son un espejo noble en el que mi poema se reconoce y se engrandece. Gracias por leer con alma, por escuchar lo que murmura entre líneas, por otorgar a estos versos la dignidad de un pensamiento tan fino.
Te abrazo con aprecio sincero y renovado afecto.
La vejez y el deterioro llega con el amor que hemos tenido en el alma- o no- lo veo por mi trabajo desde hace 30 años. Me gustan tus metáforas porque siento que cada una de ellas construye y distribuye lo que se ha vivido. Ese gato que llega despacio lo que me hizo percibir es que los reflejos no son los mismos umm, me gustó tu poesía Justo, aunque la vejez no está en la edad sino en el espíritu, buen fin de semana y abrazo alado
Así es, está en el espíritu.
Gracias por tu visita, lectura y comentario.
Saludos
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