POEMA DE BARRIO

edgardo vilches

Hay lugares que se quedaron

prendidos a mi mente.

Tardes interminables de tierra;

Juegos a la orilla del canal;

Campo, donde “rastrojeábamos”

las últimas sandias del verano;

 

No olvido las historias

alrededor del fuego de un velorio

en las noches de mi barrio.

 

Habían sensaciones de crecimientos,

muchas preguntas y aprendizajes;

Había miedo y alegrías colectivas;

Había un ignorado reencuentro

con raíces de los vecinos

que provenían de distintas latitudes

con sus sueños  y sus manos.

 

Cómo no pensar en aquellos lugares

que forman parte de mí:

Esas calles de tierra,

los almacenes y la gente comprando;

“Las pichangas” interminables,

donde se jugaba al “último gol gana”…

 

Y la pedregosa calle

que unía al pueblo con el río,

donde encaminamos

las primeras aventuras

y salíamos a explorar

un mundo que se abría

en nuestras miradas.

 

El barrio nos dio

lo que necesitábamos:

abrigo, alegría, juegos, amigos…

 

Hoy, en la distancia,

siento que el tiempo

intenta borrar la memoria

y chispazos vienen y van,

en  cerradas escenas

de mi infancia.

 

Es un tiempo que sólo

se puede describir,

rememorando trazos

de la gente de mi barrio.

 

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