Llego de vez en cuando y de vez en cuando me voy.
Todas los días se sentaban en el mismo banco, su banco. Él esperaba que ella se sentara para luego acomodarse a su lado. Sonreían. Y comenzaba lo que era una especie de rito, una habitualidad. Ella: ¿Qué hay allá enfrente? Él: A la derecha la Municipalidad, hasta la otra esquina. Volviendo y cruzando la calle Fuerte Independencia, la Parroquia del Santísimo Sacramento, luego la escuela Uno. Hay rumores de chiquitos, le dice ella. Sí, asiente el muchacho, están saliendo los niños del turno mañana.
Se quedan un rato en silencio para luego levantarse y salir hacia la calle Rodríguez. El chico la lleva delicadamente del brazo. Unos pasos más adelante le comenta: Por aquí, entre toda esta arboleda, había un palo borracho, me costaba encontrarlo cuando niño, imagínate ahora. Ríen con ganas y como un accionar normal y de rutina, como si fuera un brindis a ras del suelo, entrechocan sus bastones blancos para volver a reír.
Derechos reservados por Ruben Maldonado.
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Autor:
benchy43 (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 21 de noviembre de 2025 a las 00:06
- Comentario del autor sobre el poema: "Pequeñas historias de ellas y ellos"
- Categoría: Cuento
- Lecturas: 64
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Comentarios4
👏🙌😜😜😜
Entendido, muchas gracias.
Que tengas un buen fin de semana.
Igualmente usted mi estimado Rubén...que grato volver a leerte por estos lares amigo Benchi
Muy amable.
"AVISO DE AUSENCIA DE benchy43
Llego de vez en cuando y de vez en cuando me voy"
El texto construye una estampa tierna donde la rutina se vuelve rito y el afecto se expresa en gestos mínimos. La conversación, sostenida por descripciones que él ofrece y ella completa con intuiciones, revela un mundo percibido más allá de la vista.
Me llamó la atención el detalle de los bastones blancos entrechocando, funciona como símbolo luminoso de complicidad: una celebración íntima de la compañía pese a las limitaciones.
En conjunto, la escena irradia calidez y humildad, mostrando cómo la cotidianidad puede transformarse en un pequeño acto de amor compartido.
Saludos.
Muchas gracias por tu atinado comentario, amigo Justo.
Un abrazo.
Si me permites: Cuando ella pregunta, es evidente que no ve. Al parecer él si, por los detalles que le da. Sin embargo la conversación que se abre cuando caminan va descubriendo otra cosa: que él alguna vez (cuando era niño quizá) no era invidente, que todo los detalles del paisaje están en su memoria y que ahora no los ve. El entrechocar de los bastones (recién ahí se dice que ambos lo tienen), confirman que él también es ciego. .
Dulce encuentro, donde se recrean los recuerdos, encanto de un tiempo que ya corre sin prisa, placer de lectura, gracias por compartir.
Feliz tarde, noche, Alex.
Muchísimas gracias, eres muy gentil.
Cariños.
Un gusto leerte, amigo poeta. Saludos coordiales.
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