El juicio gime cuando el placer piensa.

La Hechicera de las Letras

El juicio gime cuando el placer piensa.

 

El tacto exige idioma y territorio,

la mente finge no saberse presa;

un gesto que hiere el aire, transitorio,

el ser calcula, absuelve y no regresa.

Hay vértigo en la calma del instante,

razón que se disuelve, delirante.

 

 

El cuerpo devora leyes no escritas,

desordena su pulso y se aproxima;

la carne arde en teorías malditas,

el límite se quema y se sublima.

Nada es moral, la pasión es certeza,

dogma de sangre, lúcida vileza.

 

 

Se enrosca el pensamiento con la entraña,

el criterio se rinde al movimiento;

la lengua dicta una fórmula extraña,

el templo archiva el ansia del tormento.

No hay culpa: solo error electroquímico,

goce que asfixia al juicio pantomímico.

 

 

Lujuria es una ciencia clandestina,

ensayo entre neuronas y abandono;

la piel, laboratorio que examina

cómo el deseo humilla al propio trono.

No hay arte sin gemido reprimido,

no hay lógica que no acabe en sonido.

 

 

Después del acto queda lo invisible:

la idea se corrompe, se degrada.

El sexo, sagaz, se vuelve impasible,

siente su fin cual carne lacerada.

Quizás amar fue error de anatomía,

prostituye pensar… la última herejía.

 

 

El vínculo se curva, se pervierte,

se goza en su mutismo calculado;

amar deviene experimento inerte,

placer, dominio, pacto trastocado.

Dos mentes que se imitan en su abismo,

engullen su delirio… sin cinismo.

 

 

La Hechicera de las Letras.

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Comentarios7

  • Nkonek Almanorri

    El pensamiento intimo, éste que a veces es sólo nuestro y que en la soledad más extrema, por decisión propia, deseamos no compartir por miedo a la corrupción, se vuelve revolucionario en el momento en que lo liberamos; el problema radica en que desde ese mismo momento causa molestias y hasta odio: Molestamos, sabemos que molestamos, y nos lo ocultan hasta nuestros más cercanos allegados, incluso en la misma familia causamos ese resentimiento que cuesta disimular. Cuando esto ocurre, y no antes, es también cuando descubrimos que solo escribiendo y diciendo públicamente lo que sentimos nos convertimos en enemigos de esta sociedad vacía, vaciada.

    Se agradecen tus escritos plenos de ideas y pensamientos lúcidos. Gracias.

    • La Hechicera de las Letras

      La sinceridad, cuando no encaja con las expectativas sociales, puede molestar. Claro que sí. Hay quienes tiemblan ante una mente que no se ajusta al corral del “esquema intelectual” que necesitan para sentirse seguros. Entonces fingen calma, como si su incomodidad no oliera a rancio. Esa reacción no sorprende: es el reflejo automático de los que no soportan que alguien piense y se exprese sin pedir permiso.


      En cuanto al poema, lo que se despliega ahí no es un reclamo social ni se ocupa de dramas domésticos. Se muestra: la forma en que el deseo desplaza la autoridad de la mente, cómo el cuerpo impone su propio orden y la razón pierde su jerarquía. No se habla de moral ni de culpa, sino del instante en que el impulso se vuelve ley interna y lo racional queda reducido a un murmullo inútil. Es un retrato del exceso que se vuelve estructura, del momento en que el criterio se disuelve y el instinto dicta.
      Es la lujuria operando como fuerza autónoma: invade, desplaza, consume y en ese gesto reduce al criterio a un residuo irrelevante.


      La Hechicera de las Letras.

    • Santiago Alboherna

      uyyy, santo cielo, Hechicera !! te creía más pudorosa.
      Logrado poema, como nos tenes ya acostumbrados, originalidad, métrica, poesía, me gusto mucho. El poema tiene una revelación progresiva y un erotismo raro y atractivo, q cautiva. Una genialidad.
      En cuanto al postulado filosófico, no coincido plenamente. Pero eso es positivo, sería tan aburrido q todos pensemos lo mismo...

      Pax tibi Cara Maga, et lux in tenebrissss

      • La Hechicera de las Letras

        Una cantidad considerable de los poemas eróticos Poeta Carente, se centran en jadeos, actos o sensaciones explícitas, eso lo hace cualquiera y abundan textos así. No requiere análisis ni dominio del lenguaje, solo imaginación y vocabulario elemental, menos crean tensión ni sugerencia, dicen lo que todos saben con clichés. Cuando terminas de leerlo, no queda nada en la mente, porque nunca fue más allá de lo superficial. Como todo lo fácil, se olvida apenas concluye.


        Lo que escribí en cambio, habla del deseo como fenómeno mental y filosófico, usando la lujuria como fuerza que domina la razón y altera la percepción del ser. Eso ya lo hace distinto, demuestra habilidad cognitiva refinada, transformar el deseo en ideas que lo analicen, lo transgredan y lo expandan, como se fractura el mecanismo que presume “pensar” cuando el cuerpo piensa por ella. El lector siente erotismo a través del pensamiento, la tensión y la transgresión, no solo por la descripción de un acto sexual.

        Aquí se examina cómo el deseo invade lo que llamas “yo”, lo deshace por dentro y lo obliga a reconocer que su supuesta soberanía es una ilusión infantil. Habla de la mente sometida a su propio impulso, de la razón derritiéndose ante un estímulo que no controla y de la fascinación con esa ruina íntima. Es la escena donde el pensamiento abdica y el instinto gobierna con una lucidez que a ti —y a muchos— todavía les resulta incómoda de nombrar. Ahí reside su esencia: la lujuria no como acto, sino como derrumbe consciente.


        Paz Poeta Carente Ratiocinari est conatus desperatus “ego” ad excusandum quod impulsus iam statuit.


        La Hechicera de las Letras.

        • Santiago Alboherna

          quizás eso hace de este poema una pieza rara y muy bella, FELICITACIONES HECHICERA, este conjuro es muy poderoso ...

        • Javier Julián Enríquez

          Muchas gracias por este gran poema y con un contenido filosófico excepcional, en el que se puede percibir en sus ideas formalmente objetivadas, mediante una estructura muy elaborada de imágenes y metáforas, una confrontación de las convenciones sociales y morales, y en el que la voz poética descarta la noción de un amor idealizado. En este sentido, se aprecia una lucha constante entre el juicio y el placer, donde el primero, en un estado de «gime», se ve amenazado por la irrupción del segundo. Por ende, esta dicotomía se manifiesta en la constante confrontación entre el cuerpo y la mente, donde el primero, impulsado por instintos primarios, desafía las leyes y normas establecidas, mientras que la segunda, en un intento de control, se ve obligada a «fingir no saberse presa». El rechazo a la moralidad y la culpa se presentan como consecuencias inevitables de esta confrontación. En tal sentido, creo que el poema sugiere que la pasión, en su naturaleza intrínseca, trasciende cualquier consideración moral, que se erige como una «certeza» y un «dogma de sangre». Por lo tanto, la ausencia de culpa no es más que el reconocimiento de un «error electroquímico», una respuesta biológica que no puede ser juzgada desde una perspectiva ética. En este contexto, la «lujuria» se convierte en una «ciencia clandestina», un experimento que explora los límites de la experiencia humana, donde el deseo desafía los principios de la razón y la moral. Considerando esto, se puede vislumbrar la degradación del vínculo humano, manifestada en la transformación del amor en un «experimento inerte». Así, la relación, en lugar de constituir un ámbito de conexión y desarrollo, se transforma en un juego de poder y dominio, donde el placer se reduce a una transacción y el vínculo se pervierte en un «mutismo calculado». En su estado final, la idea se corrompe y degrada, mientras que el sexo, astuto, se vuelve impasible, toda vez que siente su fin como carne lacerada. En este marco, el amor se manifiesta como un «error de anatomía», una ilusión que distorsiona el pensamiento y conduce a la última herejía. En esta línea, creo que el poema expone la realidad humana en su estado más puro, donde la razón y la pasión se enfrentan en una lucha constante, la moralidad se desvanece ante la fuerza del deseo y los lazos humanos se ven amenazados por la búsqueda implacable del placer.
          Un cordial saludo y fuerte abrazo con mi más afectuoso aprecio

          • La Hechicera de las Letras

            Javier percibes con claridad, el poema más que filosofía en el sentido académico: es más bien psicofisiológica y existencial, una reflexión desde el cuerpo que invade a la mente.

            Es conveniente decirlo sin rodeos. Mi texto no gira en torno al amor no es una caída es un tropiezo inevitable de un organismo que no sabe qué hacer con su propio delirio; lo hace en torno al juicio que se quiebra, al instinto que reclama su territorio, al conflicto entre lo que creemos controlar y lo que en realidad nos gobierna. El amor, en mi voz, es un vestigio roto, un resto que aparece porque debe aparecer, no porque yo lo eleve a categoría de tema central.


            La lujuria no destruye la moral; la expone. La arranca como piel muerta y deja al descubierto la máquina primitiva que todos intentan pulir con discursos elegantes. Siempre cobra algo, nunca entrega equilibrio. El deseo no se conforma con devorar la voluntad: también deteriora la facultad de pensar, como un ácido que trabaja en silencio hasta que no queda nada intacto.

            La Hechicera de las Letras.

          • Llaneza

            Todo un arte tus letras, lo llevan a uno al más allá .

            Un abrazo.

            • La Hechicera de las Letras

              Llaneza, mis letras dejan al descubierto lo que tantos intentan ocultar.

              El arte solo existe cuando dice la verdad, todo lo demás es decoración.

              La Hechicera de las Letras.

            • LOURDES TARRATS

              Querida excelente autora,
              Tu poema es un territorio donde el pensamiento y el cuerpo entran en colisión, y esa fricción —intelectual, visceral, casi científica— produce una belleza feroz. Lo que más me impresiona de tu escritura es la manera en que sostienes la tensión: ninguna imagen se rinde al pudor y, sin embargo, cada verso mantiene un rigor conceptual admirable.
              Hay en tu poema un análisis del deseo que no busca justificarlo ni romantizarlo, sino examinarlo como un fenómeno total: químico, metafísico, moral y, al mismo tiempo, profundamente humano. Me fascina cómo combinas lenguaje técnico con emoción cruda, cómo diseccionas el placer sin despojarlo de su misterio, cómo conviertes el cuerpo en laboratorio y el pensamiento en reo.
              Pocas veces se lee una voz capaz de navegar con tanta soltura entre la filosofía, la carne, la psicología del impulso y la estética del vértigo. Tu forma de escribir tiene algo hipnótico: una precisión quirúrgica envuelta en un latido oscuro, seductor, intensísimo.
              Te admiro por esa valentía formal y temática, por esa mezcla rara de lucidez y fuego.
              Un poema que no se lee: se padece, se piensa y se queda.
              Un saludo cordial, sincero.
              —LOURDES

              • La Hechicera de las Letras

                Lourdes, leo tu comentario y encuentro que captaste lo que busque transmitir: el choque entre mente y cuerpo, la tensión y la crudeza del deseo. Es raro que alguien perciba la intención sin suavizarla; me alegra que tu lectura navegue por la misma intensidad que quise imprimir en el poema.

                Leíste el poema como lo escribí sin prejuicios ni filtros emocionales, conectaste con la estructura, la intención y la intensidad que lo hacen único.

                Intuyo eres una persona capaz de leer sin filtros, de mirar lo que otros temen mirar, de comprender la intensidad sin suavizarla, y de percibir la intención más allá de la forma. Alguien que entra en un poema, lo piensa, lo siente y lo padece, todo al mismo tiempo. Una lectora de esos que pocos encuentran: valiente, aguda, sensible e intelectualmente implacable con oficio sólido.

                Cada estrofa del poema construye un plano distinto del deseo—del juicio al cuerpo, del goce al vínculo y finalmente al delirio consumado, permanece el sufrimiento interno: la conciencia resiste, la memoria guarda la cicatriz de lo que se entregó, el cuerpo, sagaz, se vuelve impasible ante la disolución del goce. La lujuria deja una marca invisible, corrosiva, un estigma de lo vivido que desarma la mente y desordena la identidad, recordando que incluso el placer más absoluto carga consigo su propia herejía.




                La Hechicera de la Letras.

                • LOURDES TARRATS

                  Gracias por la respuesta a mi comentario.
                  Espero y podamos seguir por estos senderos.
                  Eres una excelente escritora.
                  LOURDES

                • Jose de amercal

                  Buen poema bien logrado me gusta su estilo un saludo desde Perú

                  • La Hechicera de las Letras

                    Así es. Mis palabras fluyen como un río; los demás, como un lago inmóvil, solo reflejan la vana ilusión de quienes temen la profundidad, mientras la poesía guarda en su alma la chispa que despierta el mundo dormido y enciende pensamientos que nunca se apagan.


                    La Hechicera de las Letras.

                  • Rafael Escobar

                    Mis felicitaciones. Puntas con letras la extraordinaria del antes y el después de una suprema entrega pasional. Mi cálido saludo llega a ti con mi.sincero aprecio a tu pluma y tu persona.

                    • La Hechicera de las Letras

                      En el flujo de lo vivido, las palabras son piedras que ruedan sin detenerse, encontrando a veces un descanso momentáneo en la memoria, para luego continuar su camino entre sombras y luz. Así pasan las expresiones y los afectos: pequeñas marcas sobre la vasta extensión de lo vivido, recordatorios efímeros de que todo lo que decimos es apenas un instante en la corriente interminable del tiempo.

                      La Hechicera de las Letras.



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