¡Ay de las hojas que caen
y cual manto se tienden
en los jardines solos
sin que nadie las mire!
¡Ay de las hojas triste
que tienden su agonía
en el sombrío estanque
de una vieja abadía!
¡Ay del lamento que trae
consigo el crujir de hojas
en un otoño que cae
oculto entre las verjas!
Este dolor que canta
aquesta mi pobre alma
es un dolor que brota
en cuatro chorros de agua.
¡Ay de las hojas que caen
y sin amor me dejan!
¡Ay desta mi pobre alma
que muy triste se aleja!
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Autor:
Manuel Valles (
Offline) - Publicado: 18 de noviembre de 2025 a las 02:58
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 20
- Usuarios favoritos de este poema: El Hombre de la Rosa, Mauro Enrique Lopez Z., JUSTO ALDÚ, benchy43

Offline)
Comentarios1
El poema se desliza como un otoño íntimo: las hojas caídas no son solo paisaje sino reflejo del alma que se sabe vulnerable. Las imágenes —abadía, estanque, verjas— envuelven el lamento en un aire antiguo y doliente, donde cada crujido parece un eco emocional. La repetición del “¡ay!” marca la música del desconsuelo, y el cierre une naturaleza y sentimiento en un mismo desamparo. Un canto breve, melancólico y de delicada sensibilidad.
Saludos
Gracias, estimado JUSTO, por su análisis. Un abrazo, amigo poeta, con sincero afecto.
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