Mi niñez, tranquila, a ratos sombría,
fluyó en un pueblo, lejos del clamor,
entre el suave susurro que se extingue y espía
y el triste lamento de un viejo tambor.
El río me daba su hálito sereno,
el bosque, la paz de su eterna sombra,
los cuentos de mi abuela, un mágico trueno,
y el ocaso, una nostalgia que asombra.
En la clara mañana, al abrir mis ojos,
oía el cantar de los pájaros rojos,
y luego el aroma a tierra mojada,
y aquello que sentí, aún en mí mora;
Mi niñez, un jardín de sueños callados,
floreció en un rincón, lejos del bullicio,
donde el viento tejía versos alados
y un río murmuraba un suave juicio.
La montaña me daba su fuerza serena,
el cielo, su inmensidad azul y clara,
el abrazo de mi abuela, amor que llena,
y el vuelo de las aves, nostalgia rara.
En la mañana clara, al abrir los ojos,
sentía el dulce aroma de la tierra,
y el eco de leyendas y despojos
que el bosque contaba en su eterna guerra.
Mi abuelo era silencio, mi abuela era calma,
Mi abuelo era ausente, mi abuela era llorona,
y el arte de reír, nadie me lo explicaba,
Y la alegría nunca me fue enseñada.
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Autor:
José de Amercal (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 17 de noviembre de 2025 a las 13:42
- Categoría: Espiritual
- Lecturas: 67
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Comentarios7
Muy bella poesía-recordación. Felicitaciones.
Que tengas una linda tarde.
Saludos.
Bueno, aquí reconstruyes la niñez desde una mezcla de belleza natural y melancolía emocional. Tienes un tono introspectivo lógicamente.
Saludos
A veces la alegría hay que practicarla de adultos José, me gustaron tus recuerdos y tus abuelos, abrazo alado
Estimado Jose, amigo de letras,
A tu infancia hecha de claroscuros
En tus versos, amigo,
la niñez se abre como un paisaje antiguo:
río que calma, bosque que resguarda,
ocaso que hiere con su nostalgia temprana.
Tu abuela —trueno y abrazo—
parece encender el único fuego
en un mundo donde el silencio de tu abuelo
era sombra que no sabía nombrarte.
Qué honda verdad la tuya:
hay infancias donde el viento enseña más
que la risa ausente,
y donde la ternura llega tarde,
pero llega.
Y aun así, en ese rincón sin bullicios,
brotaron tus sueños callados,
tus pájaros rojos,
tu jardín secreto de sensibilidad.
Tu poema es memoria viva:
una herida que florece,
una tristeza que aprende a hablar,
una infancia que, aunque nunca enseñó alegría,
hoy encuentra su voz en tu palabra.
—LOURDES
Gracias por escribir y compartir.
El refugio de aquellos que atesoramos, y de los cambios frenéticos de la vida, cada uno con su pesar y recuerdo, de momentos alegres e inolvidables o aquellos melancólicos.
Saludos amigo.
Un recuerdo de niñez hecho poema. Y aunque hay un halo de nostalgia, yo pondría el acento en la belleza de una infancia pueblerina, llena de las cosas que uno ama. Son pequeños paisajes que van dibujándose en el alma. Un hermoso poema, mi estimado José de Amercal, "el poeta que habla desde el alma".
Mi abuelo era ausente, mi abuela era llorona,
y el arte de reír, nadie me lo explicaba,
UNA PLUMA INTENSA, Y CONMOVEDORA GRACIAS POR COMPARTIRLA, SALUDOS BUEN DOMINGO
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