EL SILENCIO DE LA PUTA.

Janna Desiree

Decían los abuelos, “es mejor lo que no se dice” ...  todo lo que aquello implicó. 

Callar siempre, aunque duela, callar para no incomodar, a una niña que fue usada, utilizada y desechada; y es mejor cuando se calla, porque más vale miserable tranquilo que una inocente pidiendo a gritos auxilio.

Las herencias trastocadas, que permitieron tanto, que sangraron, que provocaron tanto dolor. Aquella niña en silencio siempre había estado, para no incomodar a su opresor, y siguió siendo abusada porque nadie la protegió, porque el silencio la castigó, porque calló para dar la razón.

Al final terminó fusilada... el silencio la mató. Un cobarde tras otro le quitaron su valor, la hicieron sentir pequeña, no pequeña. mínima, inservible y desechable. El silencio fue el cuchillo que un día la alcanzó.

Pasaron los largos años y aunque pretendió olvidar, la herencia de sus ancestros la atrapó con un puñal, de quién menos lo esperaba le abrió la herida fatal.

Y es por eso que hoy, decidió dejar de callar, romper el silencio porque el salvavidas nunca llegará; miserable todo aquel que se le atreva a juzgar, pues hoy la acusan de puta y nadie sabe de su andar, de las heridas profundas que causaron su final.

Hoy deshecho esas herencias que me hicieron tanto mal, y reprendo al que me diga que lo mejor es callar, y desdeño de todo aquel que se atrevió a culpar, así como de aquellos que decidieron burlar, aquellos quienes vieron sus lágrimas rodar y aun así entre risas la volvieron a re victimizar, a ellos los acuso de complicidad. 

… El silencio de esta puta se acabó ya. 

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Comentarios +

Comentarios4

  • Lualpri

    Excelentes, reales y muy tristes letras.
    Gracias por compartirlas.

    Buen fin de semana, poeta!

  • JUSTO ALDÚ

    Este relato ruge como una herida que por fin deja de esconderse. No es un texto: es un alarido antiguo, un desgarro que arrastra generaciones donde se confundió obediencia con silencio, prudencia con complicidad, “decoro” con violencia. La autora —o la voz narradora— levanta la palabra como quien levanta un arma legítima: la verdad.

    El texto desenmascara un legado tóxico, esas herencias que dictaban que una niña debía callar para no incomodar, cuando los únicos que merecían incomodarse eran los verdugos. Aquí el silencio no es cobijo; es paredón. Es cuchillo. Es sentencia. Y cuando la narradora decide romperlo, la pieza entera se transforma: ya no es víctima sino testimonio encendido, incendiario, liberador.

    El final es un portazo contra la vergüenza impuesta. Una voz que reivindica su historia, que escupe sobre la culpa ajena que le colgaron al cuello, y que se levanta —sin pedir permiso— para decir que aquello que quisieron borrar, ahora será dicho con la contundencia de quien ha sobrevivido al fuego. Un relato valiente, feroz y necesario.


    Saludos

    • Janna Desiree

      Que hermosa tu réplica la recibo con amor y me siento reconocida en tus palabras, es un abrazo al corazon. Mil gracias. 🫂 Saludos

    • Nkonek Almanorri

      Ni crudo ni irreverente: real como la maldita vida misma. Sin más comentarios; o quizás sí: Diente por diente, o lo que es lo mismo: muerto el perro se acaba la rabia.

      • Janna Desiree

        Gracias por leer y comentar, creo que el castigo algún día les llegará. Saludos

      • LOURDES TARRATS

        Hola Janna,
        Tu poema es un grito ancestral que rompe generaciones de silencio. Has convertido la herida en palabra, y la palabra en un acto de justicia poética. La valentía con la que desnudas esa herencia de dolor —la cultura del callar, del tolerar, del mirar a otro lado— revela no solo memoria, sino lucidez y coraje.
        Aquí, el silencio no es ausencia: es verdugo, es cadena, es aquello que mutila lo que toca. Y tú lo has señalado sin convulsión, con una claridad que dignifica a todas las voces relegadas al rincón de lo innombrable.
        Hay versos que no buscan belleza, sino verdad; versos que no se escriben por inspiración, sino porque la vida exige ser dicha. Este es uno de esos poemas. Una pieza poderosa, necesaria, donde el lenguaje se vuelve arma de liberación y la autora, testigo y superviviente, reclama su nombre, su historia y su derecho a existir sin culpa.
        Tu cierre es una ruptura simbólica y feroz: no solo acaba el silencio, también termina la herencia del sometimiento. En su lugar, nace una voz que ya no pide autorización para ser.
        Un poema de enorme fuerza moral y humana.
        Gracias por escribirlo.
        Saludos,
        —LOURDES

        • Janna Desiree

          Agradezco tus palabras, en definitiva las palabras nacen del desgarro pero con la intensión de romper las cadenas que nos dejaron, y de confrontar a quienes cómplices señalan y culpan. Gracias 🫂 este es un espacio para eso para liberar, sanar y reflexionar. Saludos.

          • LOURDES TARRATS

            Saludos.



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