Una rosa

Rodrigo Martínez

—A Yare

Tendido está mi júbilo,

columpiándose en las cuerdas del sol,

con un cauce de lágrimas secas

sedientos de tu fulgor.

 

Una rosa bañada de cristal

se vuelve mi luz,

con pétalos que se abren al oír tu voz.

 

Chica de otoño leve,

deja a mi rosa crecer

con la nitidez de tus hojas.

 

Amanecido mar de cabello dorado,

yema suave sobre tu cuerpo que tiembla,

altas olas que nacen de tu pecho,

relucientes labios que abrazan el alba,

esbelta cadera de pétalos tibios.

 

Niña otoñal, de canela y ámbar,

te busco con mi aire frágil

entre los ríos de tu voz,

y bajo la noche

donde la luna derramó su luz

libre del mar herido por la ausencia.

 

Te dejo una rosa,

para que el tiempo la guarde

con una fibra de luz

que ansía ser tejida por ti.

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