—A Yare
Tendido está mi júbilo,
columpiándose en las cuerdas del sol,
con un cauce de lágrimas secas
sedientos de tu fulgor.
Una rosa bañada de cristal
se vuelve mi luz,
con pétalos que se abren al oír tu voz.
Chica de otoño leve,
deja a mi rosa crecer
con la nitidez de tus hojas.
Amanecido mar de cabello dorado,
yema suave sobre tu cuerpo que tiembla,
altas olas que nacen de tu pecho,
relucientes labios que abrazan el alba,
esbelta cadera de pétalos tibios.
Niña otoñal, de canela y ámbar,
te busco con mi aire frágil
entre los ríos de tu voz,
y bajo la noche
donde la luna derramó su luz
libre del mar herido por la ausencia.
Te dejo una rosa,
para que el tiempo la guarde
con una fibra de luz
que ansía ser tejida por ti.