Cero

Stephen D'Avendagno



Cae el ocaso.

 

La ciudad queda en silencio.

 

Camino despacio;

tiritan las farolas con mis pasos.

 

Recuerdo

cómo caminábamos tomados de la mano.

 

Entonces, todo era júbilo:

tacto, risas, besos y abrazos.

Aquel idílico amor.

 

Pero ella ya no está,

y un cigarrillo la reemplaza en mi mano.



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