Era evidente mi manía constante de mover objetos
con la mano izquierda.
Aunque la tinta deslizaba diestramente
y la copa amena cobró vida siniestra.
Alguna vez quise ser bondadoso y derecho,
pero siniestramente supe que no nacía del alma,
que la línea entre la bondad y la soberbia
no tiene alguna mano que la oriente y dibuje.
En mi mente infantil yo quería ser zurdo,
asumía posibles rasgos diferenciadores y atractivos.
Quería ser un zurdo de postulados y gestos,
un joven zurdo del cual todos supieran su condición.
Supe, luego, de gremios ambidiestros,
impulsados por luchas comunes e intereses individuales.
Supe de duelos y frustraciones, en mi afán de ser zurdo.
Supe que los ideales son rocas lustradas y quietas.
También supe que la soberanía y el heroísmo
son condimentos para el “breakfast” y el “lunch”,
pero que carecen de proteínas de interés local y cotidiano.
En mi afán de ser zurdo, supe que aún hay zurdos,
unos con nostalgia histórica que suman anécdotas
y minimizan el horizonte y la novedad del agua.
Otros tantos que, estando cómodos con sus ideales recientes,
miran de lejos el agua y el volcán,
pero les late muy fuerte su nuevo corazón bicolor.
Admiro, con franqueza, la unión del agua y el fuego,
también me gusta la sutileza del macho ratón
y la satisfacción que continua al ardor del sol,
cuando el café sereno nos recuerda la herencia del maíz.
También admiro la inspiración no sesgada.
Un día quise ser zurdo y construir aviones desde cero,
pero aun pudiendo construir una máquina prometedora,
el cielo se ha vuelto escaso y el gris predomina en el horizonte.
Yo quería ser zurdo y ahora me siento sin manos.
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Autor:
azul cobalto (Seudónimo) (
Offline)
- Publicado: 28 de agosto de 2025 a las 12:34
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 4
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