El perdón,
sin mirar rostros ni fortunas,
libera el corazón
del puño de la opresión.
Agazapado entre rencores,
aguarda su momento,
fiel a unas palabras
que algún día llegarán.
Ahora es el instante.
Mas perdonar no es talento:
es amor bajo otro nombre.
La dicha florece
cuando practicas la absolución,
sumido en comunión.
Primero:
tu propio perdón.
Si apresuras el tiempo,
no habrá confesión.
De tu boca seca
no saldrá ni una letra;
lo no aprendido
se quebrará en tu mente.
Y si logras recomponer
los quebrantos,
habrás cruzado el umbral
donde el perdón
ya no pesa,
sino aligera.
Rubén Romero Toledo © 2025 todos los derechos reservados
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Autor:
_Incipiens_ (Seudónimo) (
Online)
- Publicado: 28 de agosto de 2025 a las 08:23
- Categoría: Espiritual
- Lecturas: 2
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