_Incipiens_

El Perdón

El perdón,

sin mirar rostros ni fortunas,

libera el corazón

del puño de la opresión.

 

Agazapado entre rencores,

aguarda su momento,

fiel a unas palabras

que algún día llegarán.

 

Ahora es el instante.

Mas perdonar no es talento:

es amor bajo otro nombre.

La dicha florece

cuando practicas la absolución,

sumido en comunión.

Primero:

tu propio perdón.

 

Si apresuras el tiempo,

no habrá confesión.

De tu boca seca

no saldrá ni una letra;

lo no aprendido

se quebrará en tu mente.

 

Y si logras recomponer

los quebrantos,

habrás cruzado el umbral

donde el perdón

ya no pesa,

sino aligera.

 

Rubén Romero Toledo © 2025 todos los derechos reservados