Aún no sé cuántos soles
has dejado atrás para llegar,
ni en qué constelación
tu nombre fue susurrado por primera vez
antes de rozar mi boca en silencio.
Pero sé que llegaste.
Y desde entonces,
todo en mí te recuerda.
Llegaste con la delicadeza
con la que el mar toca su orilla,
con el misterio intacto
de los ríos que no preguntan
a dónde van,
porque ya lo saben.
Te he visto apenas,
pero hay siglos de ti en mis pupilas,
como si mi piel guardara
la memoria de tus manos,
como si mis sueños
fueran versos que te escribí
antes de conocerte.
No es prisa.
Es certeza.
Es la raíz reconociendo
la humedad de su tierra,
las alas encontrando
el viento que les pertenece.
Apenas roza mi piel tu aroma
y el aire se llena de signos:
la gravedad se doblega,
la razón se rinde,
y mi pecho,
sin permiso,
te nombra.
No intentes explicarlo.
Las almas no entienden de lógica.
Sólo sé que hay en ti una luz
que brilla dentro de mí
y ninguna sombra se atreve a apagar.
Y si es muy pronto para nombrarlo,
entonces sé que esto es aquello
que el amor quisiera ser
cuando aún no se atreve
a pronunciarse.
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Autor:
Alfredo Ulises Ortiz Castellanos (
Online)
- Publicado: 31 de julio de 2025 a las 06:36
- Categoría: Amor
- Lecturas: 12
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z.
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