Alfredo Ulises Ortiz Castellanos

Pronto para nombrarlo

Aún no sé cuántos soles

has dejado atrás para llegar,

ni en qué constelación

tu nombre fue susurrado por primera vez

antes de rozar mi boca en silencio.

 

Pero sé que llegaste.

Y desde entonces,

todo en mí te recuerda.

 

Llegaste con la delicadeza

con la que el mar toca su orilla,

con el misterio intacto

de los ríos que no preguntan

a dónde van,

porque ya lo saben.

 

Te he visto apenas,

pero hay siglos de ti en mis pupilas,

como si mi piel guardara

la memoria de tus manos,

como si mis sueños

fueran versos que te escribí

antes de conocerte.

 

No es prisa.

Es certeza.

Es la raíz reconociendo

la humedad de su tierra,

las alas encontrando

el viento que les pertenece.

 

Apenas roza mi piel tu aroma

y el aire se llena de signos:

la gravedad se doblega,

la razón se rinde,

y mi pecho,

sin permiso,

te nombra.

 

No intentes explicarlo.

Las almas no entienden de lógica.

Sólo sé que hay en ti una luz

que brilla dentro de mí 

y ninguna sombra se atreve a apagar.

 

Y si es muy pronto para nombrarlo,

entonces sé que esto es aquello

que el amor quisiera ser

cuando aún no se atreve

a pronunciarse.