Día de los novios

Jesús de los Ángeles Valdivieso Alarcón

​Suave pluma, papel perfumado,

suspiro cautivo, romance soñado.

Seda en la letra y voz que implora;

el velo se rasga, la cita es ahora.

Es noche de novios, los dos se verán.

 

​Ella de blanco, mirada serena,

cuerpo de hilo en su lecho de pena;

la tos la consume, los huesos le pesan.

Él, joven pulcro de instinto voraz,

ansía a la autora que oculta la faz.

 

​Vuelan sus cartas buscando el calor,

promesa de tinta, espectro de amor.

Él la imagina cual ángel de tul,

sin ver la ceniza que empaña el azul.

 

​Cita en la bruma de luna sombría,

encuentro fatal, promesa vacía.

La mira de frente y cae el disfraz:

el tacto se enfría, la muerte es tenaz.

 

​Ella bajaba en la noche de novios,

del reino sin labios, sin paz ni reposos.

Brindaba su entraña, su forma sin piel,

y al verse humillada, los segaba cruel.

 

​Huesos sin carne, la faz de la huesa,

vacía la cuenca que al pánico besa.

Él contempló la quietud de su costillar,

y quiso esa noche, con ella, habitar.

 

Desgarró el sudario con manos serenas,

y en lugar de espanto, derramó azucenas.

Un solo gemido, ni humano ni cierto,

y un guante de seda sobre el cuerpo yerto.

 

​Nadie vio al joven que al alba huyó,

y una sombra profana al infierno volvió.

​Ya no aguarda el año ni cuenta las lunas,

brota cada noche de las negras dunas.

 

No busca una carta ni pide un anillo,

busca al desalmado y blande el cuchillo.

El acero brilla bajo los faroles:

venganza sin pausa, sin tregua, sin soles.

 

​¿Espectro que sangra o sombra que llena

cada rincón, cada alcoba y almena?

¿Muerte en prisión o letal condena?

Misterio sombrío que arrastra su pena.

 

​"Que el dolor venza al amor".

¡Que viva la asesina!

Que regrese esta noche…

Y mañana,

y siempre,

 

y en cada esquina.

 

 

Poemario: Versos de lo Adverso

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