Sala de embarque

Ricardo Castillo.

Como las aves
y la lumbre que no fui,
invadido por un deseo primaveral
continuaré mi viaje hacia la mar
mientras las palabras desaparecen
entre polvo y olvido.

RC

Estoy aquí,
en la sala de embarque del aeropuerto de San Salvador,
esperando un vuelo a Lima.

Me dan pánico los aviones.
Prefiero el sobrevuelo de los pájaros
sobre mi cabeza.

¿Puede un ave de metal mover esta sustancia etérea hacia el Sur,
donde ya rumian los versos
que aún no pertenecen a la memoria del mundo?

Mientras tanto,
velo el descanso
del otro que mañana seré.

Así debe ser su sueño:
despreocupado de toda travesía,
marchando lentamente
desde la piel hacia los huesos,
más allá —y más acá—
del pensamiento.

¿Para qué atormentarlo con la incertidumbre
si pronto despertará con olvido
en otra tierra?

¿Acaso necesitamos
un falso pájaro
para alzarnos?

Vagamos desde siempre
y para siempre:

incorpóreos,
imperecederos,

en la oscuridad
de los ojos cerrados del cielo,

en la muerte de una estrella
que persiste en sus destellos,

en el índice de un niño
que redibuja una estela en el aire.

Heme aquí,
alado como un pájaro-reloj
cejiazul
sobrevolando esta sala de angustia.

Pienso en lo pequeñísimos que somos
y, al mismo tiempo,
en nuestra grandeza inmaterial.

Ya se escucha el llamado de abordaje,
y mis temores abrazan con fuerza
este frágil cascarón de carne
que pronto
alzará el vuelo
aquí.

Ricardo Castillo

De: Malos poemas (2023)

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Comentarios +

Comentarios2

  • El Hombre de la Rosa

    GENIAL Y PRECIADO TU HERMOSO VERSAR ESTIMADO POETA Y AMIGO RICARDO CASTILLO
    RECIBE UN ABRAZO DE TU AMIGO CRÍSPULO DESDE TORRELAVEGA
    EL HOMBRE DE LA ROSA

    • Ricardo Castillo.

      Gracias poeta y amigo Críspulo. Recibo con gratitud y profundo cariño tu abrazo torrelaveguense, y desde la distancia, te envío otro cargado de afecto y admiración.

    • María...

      Oh me has hecho pensar en mi hermano en paz descanse, tenía pánico a volar y por su trabajo tenia que volar mucho a Nueva York, una vez se incendio el ala del lado que el estaba en la ventanilla,, lo paso fatal, pero salieron ilesos todos.
      A mi me encantaba volar con mi chico, mi esposo, hicimos un vuelo de 10 horas para ir a Nueva York y la verdad miedo a volar no he tenido ahora ni puedo volar por el '0'money'' ni ganas sin él, no deseo viajar ni conocer a nadie ni lugares lejanos ni cercanos.
      Un abrazo

      • Ricardo Castillo.

        Mari, querida amiga y poeta, entiendo el pánico que mencionas de tu hermano sempiterno. Yo también viví un incidente en el que el avión estuvo a punto de caer, y desde entonces mis miedos se acrecentaron. Por motivos laborales debo desplazarme por toda América Latina y, en ocasiones, hacia Europa, y debo confesarte que los vuelos sobre el Atlántico me generan una gran inquietud. Afortunadamente, en esta ocasión el viaje fue corto y tranquilo, ahora me encuentro descansando en mi destino. Te envío un cálido abrazo, amiga.

        • María...

          Cmrendo el miedo, en el avión un día habíia una señora que empezó a chillar porque hubo turbulencias, tuvieron que atenderla las azafatas porque estaba histérica.

          Toma un relajante para calmar esa inquietud, se lo dices al médico de cabecera.

          Deseo que el próximo vuelo que tengas que hacer, que sea tranquilo,

          • Ricardo Castillo.

            Muchas gracias por tus palabras y por compartir esa experiencia. Espero que, como dices, mi próximo vuelo sea más llevadero. Gracias nuevamente por tu comprensión y buenos deseos. ¡Abrazos alados!

            • María...

              Si lo será, dicen que los miedos hay que afrontarlos, y tú lo haces subiendo cada vez a esos bicharracos metálicos.
              Una buena semana te deseo.



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