En la fría y yerma noche de invierno

Salva Carrión

 

 

En la fría y yerma noche de invierno,

un hada torpe se cayó en la nieve;                       

quedó algo coja, un desecho en relieve

y altanera ella maldijo al infierno.

 

Sus finas alas de luz se fundían

de tristeza; agotada y sin aliento

con la cellisca sus ojos ardían;

su aire de ninfa moría en el viento.

 

El bosque se llenaba de miseria,

con cada patinazo que ella daba;

y la fronda perdiendo la paciencia

renegó del Hada que torpe andaba.

 

La Nieve, que la vio desde su trono,

bajó enfurecida por tal disturbio;

se miraron llenas de rabia y encono

debajo de un cielo pasmado y turbio.

 

Se retaron con furia en duelo extraño,

reclamando agravios con voz airada:

el Hada, quejosa ante el grave daño;

la Nieve, al ver su blancura manchada.

 

Y grande fue el asombro de esas dos

que eran presas de un mismo desatino,

vinculadas por el guion de algún dios

de prosa fácil, de estilo cansino.

 

Sobre los copos que se amontonaron,

firmaron la paz en raro binomio.

¡Junto a los poetastros encerraron

la cursilería en el manicomio!

 

La Reina, harta de verse "blanca y pura"

en versos de rima pobre y gastada

al hada le brindó su mano helada:

–¡Basta de gracia, basta de dulzura!

 

—Tú con tu cojera y yo con mi hielo,

rompamos el mito de perfección;

que tiemble el bardo y su falsa pasión,

que la miel del verso se agrie en el suelo.

 

Con sus risas de escarchas y de barro,

marcharon juntas rompiendo el esquema:

el Hada esbozaba un gesto bizarro,

la Reina balbucía un mal poema.

 

Cerraron libros de cuentos de antaño,

de hadas perfectas y de nieve mansa;

ahora el invierno es un baile extraño,

un par rebelde que nunca descansa.

 

No queda escarcha que adorne la rama

donde el poeta se ponga sensible;

cuando el hada grita, la reina brama,

amigas brujas de aspecto terrible.

 

Vuelan conjuros de curvos rituales,

el polvo de estrellas vuelto granito

por tantos romances sentimentales

de lloriqueos de verso infinito.

 

—Si ves que el hielo aparece en la loma

y el frío feroz te muerde con saña,

verás que el invierno por fin se asoma:

la gracia ha muerto, ¡viva la patraña!

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