¿CIELO O INFIERNO?

Alek Hine

¿CIELO O INFIERNO?

 

Dos amigos, uno creyente y otro escéptico, solían debatir acerca de Dios, el cielo y el infierno, desde una perspectiva claramente judeocristiana. Comenzaban de manera relajada, pero conforme avanzaban en su charla, los ánimos subían de tono… hasta alcanzar un grado elevado de tensión. Concluyendo el escéptico que no llegarían jamás a coincidir en sus posturas diametralmente opuestas, el creyente propuso dejar la cuestión a la suerte, con una moneda, manifestando:

 

      —El ganador se irá al cielo, y el perdedor, obviamente, al infierno. —En caso de existir —replicó el otro, y agregó: —¿Tiene sentido? ¿Una moneda decidirá si hay Dios, cielo e infierno, además de nuestros destinos post mortem?—. Sin recibir respuesta a sus preguntas, mas no queriendo continuar en discusión, el escéptico, esbozando una sonrisa, aceptó aquella loca propuesta, solo por seguir el juego, ya que sabía que con ese método no se demostraría la existencia de nada.

 

Uno lanzó la moneda; el otro dijo “¡Cara!” mientras la pecunia dando vueltas cubría su trayecto de arriba abajo… Pero ni cara ni cruz; la moneda golpeó en el duro piso, dio su natural rebote y, de forma inesperada e insólita, ¡quedó de canto, verticalmente!

 

—¿Qué significará esto? —se dijo en voz alta el creyente, más para sí que para su colocutor. —¿Por qué tendría que significar algo? —respuso el escéptico.

 

Tiempo después, ambos amigos, yendo en el mismo automóvil, sufrieron un grave accidente. Amén de unas cuantas fracturas en sus esqueletos, sus corazones dejaron de latir, en rara coincidencia; les aplicaron desfibrilación: descargas eléctricas para restablecer el ritmo cardíaco. Se reanudaron los latidos. Volvieron a la vida.

 

Cuenta el creyente que un ser extraño, cuya figura era mitad derecha luz y mitad izquierda sombra, le condujo a un sitio donde el suelo se sentía tibio y el techo fresco, parte esta en que podía respirar un aire semejante al de un ambiente acondicionado. —¿Dónde estoy? —le preguntó al umbroso y lucífero ente, quien le informó: —Estás en el purgatorio, lugar ubicado en el punto medio entre el cielo y el infierno. La tibieza que sientes en los pies es debido al intenso calor que despiden las llamas infernales, y ese aire fresco que respiras es porque arriba tenemos la gloria de Dios.

 

"¡Esto... esto lo vaticinó la moneda!", dijo para sus adentros el creyente. Pero el purgatorio y que la moneda quedara de canto no estaban dentro de sus expectativas. Desde luego, no esperaba quedarse ahí para siempre, pues, según su teología, el purgatorio solo era un lugar de paso. “Definitivamente, me aguarda el cielo”, se decía, como todo buen creyente imbuido de sus deseos.

 

Por su parte, el escéptico declara no haber pasado por nada similar —ninguna experiencia post mortem—. Simplemente, reporta haber no tenido consciencia de aquel lapso en que su corazón se detuvo. Todo lo que recuerda es que su auto fue impactado por otro que se cruzó el semáforo en rojo y, tras lo cual, haber quedado inconsciente.

 

También duda de la versión de su amigo —que le representa al creyente en general— por saberlo poco dado a la objetividad, subjetivista empedernido, reacio a la aceptación de sus equívocos y al reconocimiento de su falibilidad, prono al engaño, cautivo en la ilusión de sus sentidos, presa fácil de la seducción de sus anhelos. ¿Acaso no evidenciaba un pensamiento con serias fallas de lógica al dejar al azar la resolución del “problema” sobre la existencia (o inexistencia) de Dios, el cielo y el infierno?

 

¿Realidad o fantasía? Si es pura invención o hay algo de verdad, ¿quién puede saberlo con certeza?

 

 

martes, julio 12 de 2022

 

  • Autor: Alek Hine (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 23 de marzo de 2026 a las 00:08
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 2
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