Vago aún noctámbulo
sobre el infierno que refreno.
Observo tus miradas angustiadas
atarse con fuerza a las mías.
Soporto el peso de tu herida
para anestesiar tu costado roto;
busco transfusiones demoníacas
que apacigüen el epílogo de tu derrota.
Yaces ahí, en ese maldito territorio,
mientras me desgarra esta lejanía.
Intento contagiarme de tu mal,
reclamar tu cáncer como mío para aliviarte.
Si Dios es justo, ¿por qué la estrofa
de tu muerte es tan sádica?
Si Dios es vida, ¿por qué no apresura el fin
para que nazcas, de nuevo, en otra vida?
Tus heridas son las mías.
Tu dolor habita en mi pecho.
Tus llagas supuran en mi alma,
y tu anestesia no hace efecto en mi torrente.
Vuelvo eco tu voz apagada
para que el cielo escuche tu suplicio.
Nunca antes había deseado la muerte,
pero solo en ella hallarás la vida.
¡Vuela con tus historias, Viejo!,
aunque la mitad de mi alma se marche contigo.
© El Yarawix

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Comentarios2
Mucha fuerza amigo. Comprendo tu dolor, ya que hace poco más de cinco años partió mi madre por el mismo aguijón y por la misma ponzoña...
Te mando un fuerte abrazo y deseando todo lo mejor.
Cuánto dolor emanan estos versos!
No han hecho más que llegar a mi corazón
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