Carne de madera y pregón de melodía.

Elizabeth Maldonado Manzanero

Preñada de son, tu carne amaderada

tragas risa y llanto de mis manos que te esquilan,

renace para el oído que escucha

las verdades certeras.

Dueña  eres de mis fantasías y quimeras

fiel acompañante de la madrugada

bajo la luna llena, o a oscuras de una fogata.

Sabes susurrar lo que no digo,

narrar en tus cuerdas mis nostalgias 

preludiar en la aurora mi felicidad del mañana

en tu piel de ébano y cedro ahogo mis congojas.

Guitarra cobija el concierto de mi amor,

mi ilusión desvanecida por el dolor

comienza tu llanto de cuerdas,

rompe el compas de mi silencio,

llora como llora el viento

cuando me encuentra en las calles

vagando sin él y sin tu compañía

¿quién rasgará tu corazón cuando el mío se canse

 alma de ritmo, silencio y armonía?

¿Cómo se mete en el alma tu tiñar pregonero?

¡Como me derramo en la lira de tu camisa

entre tus  seis  almas que susurran y gritan!

Que  no saben sino de los extremos 

del  vivir humano y sus pensamientos

de las desdichas que acompaña un tequila,

de la alegría del beso que se eterniza

al tocar tu carne  todo se monopoliza

se hace universal y bello, déjame guitarra

plasmar con tu voz mi más grande anhelo.

  • Autor: Isel (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 9 de febrero de 2021 a las 23:24
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 14
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  • Elizabeth Maldonado Manzanero

    Guitarra
    Preñada de sueños,
    tu carne amaderada
    traga risa y llanto de mis manos,
    mis dedos, diminutos relámpagos,
    esquirlan el silencio
    y arrancan de tus entrañas
    mi voz que la garganta no pronuncia.
    Deja que renazca en tu oído
    lo que mi boca calla,
    con ese idioma melancólico
    de sombras y verdades
    que se atreve a respirar a veces,
    en los pliegues de la madrugada.
    Dueña eres de mis fantasías,
    señora de mis quimeras,
    compañera fiel de mis desvelos.
    A tu lado he conversado con la luna,
    he incendiado la noche
    para que el fuego escuchara
    las confidencias de mi alma.
    Sabes susurrar lo que no digo;
    conoces el nombre de mis silencios
    y la geografía secreta de mis heridas.
    En tus cuerdas narro mis nostalgias,
    mis recuerdos todavía tibios,
    y preludio, nota a nota,
    la felicidad voluntariosa que quizá,
    me espera en el mañana.
    En tu piel de ébano y de cedro
    se ahogan mis congojas.
    Tus seis cuerdas son ríos
    que atraviesan la noche de mi pecho
    y, al rozarlas mis manos,
    se desbordan sobre mis lagunas,
    sobre esos mares interiores
    donde naufragan mis palabras.
    No dejes que tus acordes
    se conviertan en espejo de mi soledad.
    Pero si acaso quieres hablarle,
    dile al amor ingrato que todo,
    todo cuanto se derrama
    en tus afligidas melodías
    son las cenizas de un corazón
    que ardió hasta el finito por él.

    Guitarra,
    cobija el concierto de mi pena;
    abraza con tus seis voces
    mi ilusión desvanecida.
    Comienza tu llanto.
    Rompe el compás de mi silencio,
    desata en la noche tus lágrimas de madera,
    llora como llora el viento
    cuando encuentra una calle vacía
    y no sabe dónde dejar su tristeza.
    Llora conmigo
    cuando me descubras vagando sola,
    con los pasos llenos de ausencia,
    buscando entre las sombras
    un rostro que ya no vuelve,
    un amor que se llevó la madrugada
    y dejó sus huellas
    clavadas en mi pecho.
    Y cuando mis manos se cansen,
    cuando mi voz se quiebre
    y ya no pueda arrancarte una sola nota,
    ¿quién habrá de rasgar tu corazón
    para que responda al mío?
    ¿Quién tocará tus heridas
    cuando las mías hayan aprendido
    a sangrar en silencio?
    Alma de ritmo,
    de silencio y armonía;
    vientre donde nacen
    el canto, el llanto y la alegría,
    tú sabes que nuestras vidas
    son apenas partituras fugitivas:
    a veces canción,
    a veces pausa,
    a veces un acorde suspendido
    esperando resolver apenas una tristeza.
    Y dime, guitarra,
    ¿cómo se mete en el alma
    el tañir de un pregonero?
    ¿Cómo consigue una melodía abrir
    las puertas que el dolor ha forjado en acero?
    Yo no lo sé.
    Solo sé que me derramo en tu madera
    como la lluvia sobre la tierra sedienta;
    me pierdo entre tus cuerdas
    como una voz buscando su eco,
    y dejo mi corazón
    temblando en cada nota.
    Porque entre tus seis almas
    que me esperan,
    que gritan,
    vive todo lo que fui,
    todo lo que perdí,
    y todo lo que todavía sueño…



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