Pasada la penumbra,
el trabajo la aguarda.
No importa si a pie
o sobre ruedas cansadas,
si verano, si escarcha:
importa su paso firme
cuando el deber la llama.
Ajusta las herramientas
al primer canto del día;
un trapo cubre su rostro
desde la pálida frente.
Una cajuela gastada,
antigua recolectora de sueños,
y el sudor ofrecido
por un pan callado y tierno.
Un hijo sin padre,
cuando la tarde declina, espera.
Ella vuelve fatigada,
le sirve sopa caliente,
amasa una tortilla,
le regala un cuento breve.
Bendice a Dios en silencio,
y Dios la guarda por siempre.
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Autor:
Gusechag (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 11 de enero de 2019 a las 22:15
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 26
- Usuarios favoritos de este poema: sergio005, Victor Ma. De San Lorenzo

Offline)
Comentarios3
bravo!! =)
Gracias por tu visita.
Por desgracia hay muchas mujeres que viven eso, y cuando enviudas pues te pasa lo mismo.
Un saludo.
Gracias Maria por tu comentario. Muy agradable momento el volver a tener comunicación contigo.
Abrazos
Una madrecita soltera que se esmera
en salir adelante es algo de aplaudir.
Muy interesante tu poema, hermano.
saludos fraternos.
victor ma.
Gracias Victor
Saludos
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