Gustavo Echegaray

Madre soltera

Pasada la penumbra,
el trabajo la aguarda.
No importa si a pie
o sobre ruedas cansadas,
si verano, si escarcha:
importa su paso firme
cuando el deber la llama.

Ajusta las herramientas
al primer canto del día;
un trapo cubre su rostro
desde la pálida frente.
Una cajuela gastada,
antigua recolectora de sueños,
y el sudor ofrecido
por un pan callado y tierno.

Un hijo sin padre,
cuando la tarde declina, espera.
Ella vuelve fatigada,
le sirve sopa caliente,
amasa una tortilla,
le regala un cuento breve.
Bendice a Dios en silencio,
y Dios la guarda por siempre.