Pasa la noche en silencio,
y el deber ya la levanta,
hoy dicen que es su día…
pero el mundo no lo aguanta.
Va caminando o en un bus,
como siempre, sin excusa,
no hay descanso para ella
porque la vida la rehúsa.
Se cubre bien el rostro
antes que el sol la nombre,
porque hay madres invisibles
que no caben en renombre.
Suda pan todos los días,
pan callado, pan urgente,
del que no sale en vitrinas
pero salva a tanta gente.
Tiene un hijo que la espera
cuando la tarde dormita,
con los ojos preguntando
a qué hora llega su mamita.
Y ella vuelve apuradita
y aunque urge su descanso,
le calienta una sopita
y le abriga con su abrazo.
Le regala un cuento breve,
aunque el sueño la persiga,
porque hay madres que no duermen
cuando un hijo necesita.
Reza bajito y sin ruido,
como quien no pide nada
y Dios, que sabe de madres,
la acompaña en su jornada.
Hoy le dirán “feliz día”,
con palabras decoradas,
pero ella solo piensa
en sus victorias olvidadas.