Esteban Mario Couceyro

Infarto



Caminaba por ese inmenso pasillo

y repentinamente me detuve

no se por qué, solo paré la marcha

como si nada importara ya.

 

Quise continuar, algo me llevaba a parar

miraba no sé que, todo perdía el color

la distancia al suelo

esa distancia que siempre había

se perdía entre las cosas que perdía.

 

El bolso siguió aferrado por la mano

la silla, a mi derecha, se mantenía

negra, firme, lógica en sus patas

ese gran cuadro, pareció vivir.

 

El viento, movía las palmeras

el bolso pesaba como el mundo

mi mano se aferró con desesperación

mientras los pies intentaban un paso.

 

El primer paso, luego el segundo

mientras todo se aclaraba

el cuadro se detuvo

 

Y la silla

definitiva con las cuatro patas

el respaldo curvo

negra.

 

El piso por debajo de los pies

caminaba por el enorme pasillo

con el bolso

el murmullo de unos turistas

mientras abandonaba el hotel.

 

 

Comentarios3

  • larisadelesqueleto

    lo que me ha insinuado el poema, que por momentos se vive en las dos primeras estrofas, ha sido la angustia, el mareo, el miedo a perder algo para nosotros precioso, como siempre atrayente lectura

    un abrazo

    • Esteban Mario Couceyro

      Hay veces, que pequeños infartos cerebrales, nos ponen en ese borde de la vida. El personaje, ignora la realidad y continúa la vida, más allá de sus síntomas.
      Un abrazo agradecido.
      Esteban

    • Tokki

      Un disparo al pecho, desvaneciéndose.

      Un abrazo poeta

      • Esteban Mario Couceyro

        De todas formas un golpe a la realidad aparente del personaje, pepersiste en ignorarla.
        Un abrazo.
        Esteban

      • Ӈιρριε Ʋყє ☮

        La realidad ocurre, más allá de nuestra obstinada y persistente decisión de ignorarla.

        La silla del respaldo curvo, enigmático y mudo testigo de lo ocurrido, tal vez lo más real

        Un abrazo

        • Esteban Mario Couceyro

          Cuantas veces nos aproximamos a ese límite, sin saberlo o ignorándolo ... Cierto, estamos rodeados de realidades (la silla), eso nos calma aislándonos de los millones de posibilidades de cada instante por vivir.
          Estamos, más que existimos...
          Un abrazo.
          Esteban



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