Esteban Mario Couceyro

En el camino



Estoy tras el volante

dueño de todo

la máquina, el camino, el paisaje

todo soy yo.

 

Mis humores, aceleran

tanto como el camino

cada señal, es un recuerdo

que pasa sin más.

 

De que sirvieron tales cosas

cuanto he dejado en ellas.

 

Las señales, los árboles, todo

me deja atrás, sin percibirlo

solo el rugir del motor

y esa levedad en mis manos.

 

Recuerdo ese primer beso

casi inocente del deseo

sus ojos húmedos de llanto

y mi promesa vana.

 

Llega la curva

solo deseo seguir el camino

como si eso justificara la proximidad

de la vida.

 

Acelero, la máquina trepida obediente

voy dominando, como siempre lo hice

el sol, aparece enfrente

y sus labios, diciéndose enamorada.

 

¿Por qué le mentí?, de mi regreso

si jamás lo intenté

después la vida, fué por tantos caminos raros

su cuerpo de niña y mis brazos enamorados.

 

Mis ojos, se llenan de sol

acelero y la vida fluye

como los recuerdos olvidados

solo tras el volante quieto

un cielo de estrellas

en el parabrisas.

 

 

Comentarios4

  • Jose Adolfo

    Complejas circunstancia que hacen de los viajes un mundo de recuerdos poeta / Excelente

    • Esteban Mario Couceyro

      En esas circunstancias, el automóvil, es como un confesionario, donde uno es el sacerdote y el penitente, al mismo tiempo.
      Un abrazo.
      Esteban

    • Toqui

      Vértigo en las curvas al volante
      Saludos afectuosos

      • Esteban Mario Couceyro

        Las curvas de la memoria, imponen carteles de recuerdos, no siempre gratos.
        Mi saludo.
        Esteban

      • El Hombre de la Rosa

        Muy hermoso tu genial poema surrealista estimado amigo Esteban..
        Un placer pasar por tu portal...
        Un abrazo de amistad...
        El Hombre de la Rosa

        • Esteban Mario Couceyro

          Gracias Críspulo, momentos de solitaria reflexión...
          Un abrazo.
          Esteban

        • Beatriz Blanca

          Tan ensimismado en la culpa, el volante es un arma de grueso calibre.
          Un viaje hacia el interior del ser, espero que no se estrelle.
          Tarde pero lo leo y te aplaudo.
          Saludos amigo.

          • Esteban Mario Couceyro

            He viajado mucho y te aseguro, que el habitáculo se transforma en el icónico sillón del psicólogo, donde uno es paciente y terapeuta a la vez. Se sienten las voces de los ausentes, que pasan con la velocidad del paisaje.
            En las largas rectas pampeanas, uno entra en la dimensión más profunda de su Yo.
            Un abrazo, sin estrellarse.
            Esteban



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