andrea barbaranelli

Geología

Cuando decidí bajar

a los vacuos laberintos

de mis emisferios cerebrales,

con frialdad doctoral

y profesional ironía

levanté el confortable

sudario de las meninges:

los dos emisferios, alarmados,

fingieron un sueño lunar

y proseguí tanteando

por un panorama de fósiles.

 

Obligado a avanzar al azar

como quién se perdió en el camino,

me dediqué a recoger

sendas muestras de minerales

y floraciones de cristal.

 

Geólogo aficionado,

clasificaba mis hallazgos

aplicándoles etiquetas

y guardándolos en estuches.

 

Los sueños eran piedras

corroídas por un agua antigua

y los deseos muy frágiles

excrecencias coralinas.

 

A cada molécula orgánica

se estaba sustituyendo,

con un proceso indoloro,

una molécula calcárea.

 

Y ya no temía la muerte:

la muerte se había cuajado

en un grumo cristalino

listo para el lapidario.

 

Desde entonces no le temo

ni a la vida ni a la muerte;

ya no temo más los cambios

ni la descomposición.

 

Sé que, después de esta, me espera

una vida mineral

y, por mucho que le tenga apego

a mi singular destino,

confieso que me siento atraído

por un destino planetario.

 

Comentarios3

  • Jose Adolfo

    Luego de usar como escalpelo la destreza / la morfología integral se desliza hacia un mundo libre de temores frente a la verdad geológica en la que poco nos percatamos al lograr el destino planetario / genial poema en defensa de las piedras / tesoros secretos del universo poeta

  • Toqui

    Carolina Massola
    ¿Acaso no emerge la naturaleza bajo todas sus formas?

    Se nos manifiesta en la flor, la tierra, el escarabajo y todo lo que se expande en el Universo.

    ¿El Universo mismo y su impulso creador
    no es el plano de un tiempo remoto?

  • andrea barbaranelli

    muchas gracias por tu comentario, José Adolfo



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