Daia17

Cómo la miel.

Se estremecía

con solo pronunciar su nombre.

Y en su libro permanecía la rosa,

que aún conservaba la dulzura en sus pétalos.

Él estaba en su piel,

en sus manos que lo acariciaban,

él  era miel.

Lo podía encontrar en el perfume de cada mañana,

en sus ansias,

en sus desvelos,

en cada sonrisa repentina, 

Y en el latir de su alma.

Encendido en sus pupilas

y en casi todo su existir.

Comentarios3

  • sadness

    Que hermoso!

    • Daia17

      Me alegro que te haya gustado 😊

    • gaston campano

      Verdaderamente era miel con esa sutil suavidad pegajosa, de la cual es difícil desprenderse.
      Saludos cálidos.

      • Daia17

        Gracias por leerme!

      • cangaceiro

        me endulzaste con ese poema



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