Maria L

Y después, amén.

Sonreías y yo te amaba,

te amaba como si tu boca

fuera la última vez

y yo tu diosa ilegítima,

tu noche irrevocable;

sonreías de lejos

y yo más sangre que nunca

sorteaba los huesos de cada día

hasta llegar a tu nombre de oro,

a tus manos de árbol manso.

Erase la vida,

vos sonreías como siempre

y yo me paseaba entre amores

infecundos,

y entonces te vi.

Me vestí de cruz

para que creyeras en mi abrazo,

me hice poesía

para que me tocaras

como se tocan las palabras:

a tientas

y con la punta del alma.

Era no se qué mes

de no se qué vida,

pero vos sonreías

y yo moría de ganas

de ser la muerte misma

para guardarte en mi seno

por los siglos de los siglos.

Y después, amén.

 

Comentarios4

  • Trovador de Sueños ...y realidades.

    Profondo y sentido en toda su dimensión; manejado magistralmente con tu grácil pluma, me encanto leer... dulce y querida amiga.

    Cálido abrazo con cariño; os deseo una grata y serena noche.

    Carlos

  • Juan Manuel G

    Muy bello poema María, si en este te convertiste definitivamente toca la punta del alma.

    Saludos.

  • Brizas (Shira)

    Creo es el primer poema que te leo, y quedo impresionada con tus hermosos versos, que acarician el alma.

    Un saludo Shira

  • Texi

    Tocame a tientas, con las yemas de tus dedos...
    Y sere poema, diosa ilegitima
    Sere la muerte, para acogerte entre mis senos.

    No me canso, Maria de leerte...



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