Dos almas que nacieron solitarias, dos corazones que aprendieron a esperar, sin saber que, entre caminos y distancias, algún día se habrían de encontrar.
Y cuando sus miradas se cruzaron, el destino dejó de ser casualidad; se reconocieron sin haberse conocido, como si se amaran desde la eternidad.
No existe distancia que pueda vencerlos, ni barrera capaz de separar dos almas que se llevan en el pecho y que aprendieron juntas a soñar.
La distancia los separa algunas veces, pero ellos se ríen de la adversidad; porque ella vive dentro de sus sueños, y él habita en su corazón de verdad.
Se galantean como dos chiquillos, se miran con la ilusión de adolescentes; se aman con la ternura de dos almas que encontraron lo que buscaban entre tanta gente.
Es un amor guardado y reservado, un secreto que el tiempo no logró descubrir; un sentimiento que creció en silencio hasta encontrar un motivo para existir.
Hoy esas dos almas se encontraron para amarse sin miedo y sin condición; un amor sincero, puro y verdadero, nacido desde lo más profundo del corazón.
Ellos saben cómo amarse, él sabe respetarla con devoción; ella sabe cuidarlo con ternura, y ambos saben esperarse con paciencia y amor.
Son dichosos simplemente de tenerse, aunque todavía los separe el camino; porque saben que llegará ese día que el destino les tiene reservado.
Llegará el momento de encontrarse, de abrazarse y no soltarse jamás; de convertir tantos sueños en recuerdos y decirse: “Por fin estamos juntos, ya.”
Ella es toda una dama, él, un caballero enamorado; a veces aparecen los celos, pero la confianza los mantiene abrazados.
Porque saben que lo que sienten es verdadero, que nadie podrá apagar esa pasión; se aman con locura, con ternura, con el alma, con el cuerpo y el corazón.
Ella es una flor que no se marchita, él, el jardinero que la sabe cuidar; ella, una dama profundamente enamorada, él, un caballero que nació para amar.
Y así construyen su propia historia, una historia que algún día habrán de contar: cómo dos almas que estaban solas se encontraron para nunca más separarse.
Nadie conoce todos sus secretos, ni las noches que los vieron soñar; solo ellos conocen el camino recorrido, solo ellos saben cuánto se han llegado a amar.
Y cuando el tiempo escriba su memoria y sus nombres se vuelvan eternidad, quedará esta historia como testimonio de que el amor verdadero sabe esperar.
Él y ella…
dos almas, un destino, dos corazones, un mismo latido; dos caminos que parecían perdidos y que el amor convirtió en un solo camino.
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Autor:
RONALD TADEO RAMIREZ ELIZALDE (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 9 de febrero de 2013 a las 05:55
- Categoría: Amor
- Lecturas: 195
- Usuarios favoritos de este poema: Edwin Abimael Godinez Hernadez

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