Samuel Rondón Acevedo

Amor ahogado de un irresoluto

Etapa 2: La historia que no fue tal
I

La chispa de tus afectos encendió una fogata eterna
que apresaba mis sentidos y esclavizaba mi cordura;
fuego que nació de leña virgen que esperaba arder
desde los recintos de mi ser que encierran mi locura.

Agonizante, gritaba desde mis adentros,
esperando tu respuesta que nunca llegaría;
figurándome toda una vida de tormento
si mi voz por dicho fuego nunca escucharías.

Encarcelaba bajo mi semblante mundos que tú creaste
en mi corazón con tus caricias de insinuante inocencia;
sentimiento que rasgaba mi piel con puro salvajismo,
buscando apresar tu atención y vivir de tu bendita esencia;
sentimiento necio y posesivo que buscaba por siempre
esclavizar tu corazón y tragar tu libertad de sentir
para marcar nuestra historia sin fin como condena y sentencia.

Decidido, te soltaría a la bestia junto con sus deseos
para saciar su ansia de consuelo y dominarte desde adentro.
Por el sendero caminaba inerte con voces en mi mente
que susurraban las palabras que te diría en nuestro encuentro.

Envolventes voces de mis sueños que persuadían mi cordura;
formando argumentos apasionantes que atraparían tu atención.
Me entregué a ellas, acallando cualquier grito que hacia mi conciencia,
convenciéndome del poder de su dominio sobre el corazón.

Y al fin, firme ante ti, las quimeras de mi bestia se fueron;
y serené mi espíritu con la caricia de tu mirada.
Así olvidé todos los sentires que me llevaron a ti
...Y tú ahí, a la expectativa de algo con tu presencia callada.

Vacilante pero apoyado por el "yo" en tus ojos que me observaba,
apacigüé los palmitos de mi corazón ahogado en angustia.
Me gusta pensar que nuestras miradas se besaron en un instante
mientras obviábamos como nos rodeaba la lluvia mustia.

Hora tardía. Lágrimas de nubes que empapaban mi semblante.
Con el valor de un cobarde podía contra el mundo en esos instantes
y describirte los matices que fuiste dibujando en mi alma
haciéndome esclavo de mis adentros mientras moría delirante.

Por unos segundos me sentí libre de mí mismo, pero me engañé.
La verdad es que me autoflagelaba en lo más recóndito de mi ser,
obligándome a confesar lo que siempre por temor te oculté.
Pero esta vez el miedo pudo más... Y al fin por siempre mis sentires callé.

Fin… Ese es el fin de una historia que nunca lo fue.
Ahora rasgo la piel de la fiera que siempre entrañé,
y vivo mártir dentro ella como Jonás en el pez.
Vivo negando un sentimiento que nunca liberé,
porque luego cuando te busqué solo encontré tu revés.

Vivo gritando en el interior de mis hondos sentires,
estancado en el tiempo en el que no liberé a la bestia.
Me he condenado a vivir en mi propio encierro a oscuras
de nunca haber visto la luz de tus besos y dulzura.

A ti llegaron mis cartas describiéndote mis lamentos,
esperanzado a que interpretaras por ti mis adentros.
Me pregunto desde de la bestia que yo mismo he creado
cuándo vendrás a buscarme en este recinto entrañado.

Ahora lucho por mantener la cordura dentro de mi realidad,
describiéndote mi ahogado amor en la agonía de mi soledad;
sentimiento que mis temores nunca dejaron que se abriera al cielo;
una historia que terminó antes de comenzar, apresando todo anhelo.

Comentarios1

  • Marellia

    En partes dejas ternura, en otras un dolor atávico, vas transcribiendo una historia de amor tristeza y adiós.
    Saludos



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