¿Todas las novelas deben tener protagonistas con nombre?

¿Todas las novelas deben tener protagonistas con nombre?

Si bien no existe una única forma de escribir y de trabajar cada aspecto de nuestras historias, sí hay ciertos consejos que pueden sernos útiles para conseguir un mayor impacto en nuestra labor. Resolver con buen atino la nomenclatura de los personajes puede ser un paso importante para darle cuerpo a nuestra historia.

Aquí les presento algunos consejos que he encontrado y que me han resultado interesantes, a ver qué tal son para ustedes.

¿Por qué es importante el nombre del protagonista?

Para algunos autores el bautizo de su personaje principal consiste en un ritual casi ligado a la superstición. Creen que si consiguen un buen nombre, la obra estará dotada de un peso que, tarde o temprano, la volverá de imprescindible lectura. No estoy tan segura de eso. A veces te encuentras con muy buenos nombres protagonizando historias terribles y desesperantes. No obstante, personalmente le doy una cierta importancia a los nombres, me gusta escogerlos de acuerdo a las características de los personajes para que de este modo el lector pueda comprender mucho más de ese individuo que lo que se dice en la narración.

Vivimos rodeados de sonidos. Ellos forman parte de nuestra vida y son fundamentales para entender nuestro entorno. Aprendemos a hablar antes que a escribir y esto prueba que la palabra oral tiene más peso que la escrita, y que el sonido de cada palabra es fundamental para que ella exista. Por todo esto no es extraño pensar que el sonido del nombre de un personaje puede hacer gran parte del trabajo: si conseguimos un nombre con una sonoridad tal que pueda ser comparable a las características del personaje, llegaremos a un nivel inconsciente del lector consiguiendo que pueda recordar el nombre casi sin planteárselo. Esto lejos de ser algo ligado a la superstición podría definirse como una consecuencia física de lo que los sonidos operan en nuestras sinapsis.

 

¿Todas las novelas deben tener protagonistas con nombre?

La superstición de los autores

Pero a veces no podemos plantearnos la posibilidad de pensar con delicadeza y precisión un nombre, el viene a nosotros. Y por mucho que nos esforcemos por cambiarlo, algo hay en esas sílabas que nos atrae y que decide mucho más que lo que nosotros hacemos. Esto podría estar ligado a la superstición, aunque posiblemente también pueda existir una explicación psicológica que no he descubierto, no lo descarto.

El nombre de un personaje es fundamental porque las personas nos identificamos a través de los nombres. No existe otra forma de entablar conocimiento sobre un otro.  Y lo mismo nos ocurre con los lugares, los libros, las películas, y todo lo que nos rodea.

¿Cómo escoger un buen nombre?

Conseguir el nombre de nuestro protagonista puede ser un fabuloso envión para empaparnos de él y de su historia y escribir sin tapujos la novela que ya venimos elaborando en nuestro interior.

Nuestra intuición puede ayudarnos muchísimo en esta tarea. Porque sin quererlo en nuestra mente retumbarán los sonidos que atañen a las sílabas de cada nombre y podremos identificar con ellos a nuestro personaje, o no. No hay que tener miedo de la intuición porque es, sin lugar a dudas, una de las grandes responsables de que nombres como Cenicienta hayan pasado a la historia.

Muchos escritores comienzan a buscar su personaje hojeando el directorio telefónico de su ciudad. ¿Una idea extravagante? Puede que lo sea; sin embargo, quizás pueda hacerte llegar a ese nombre que le va de perlas a tu personaje, y que, como no lo conocías, jamás se te habría ocurrido.

Algunos opinan que hay que escoger nombres lo suficientemente diferentes entre sí para cada personaje, a fin de evitar que se generen confusiones entre ellos. Y evitar también los nombres que empiecen con la misma sílaba. ¿Habrá tenido en cuenta estos consejos Fiódor Dostoyevski?

¿Todas las novelas deben tener protagonistas con nombre?

A través del nombre podemos definir un personaje; caracterizar sus cualidades, definir su estatus social y enmarcarlo dentro de una cultura. Escoger un nombre como Dietrich para un relato que ocurre en plena Pampa Argentina o en el corazón de Castilla podría ser un tremendo error, mejor sería escoger otros como Don Cipriano, en el primer caso, y Domingo, en el segundo. Así el lector podrá identificar al personaje en el contexto en el que se desarrolla la historia.

Una gran fuente de inspiración puede ser hacernos con una lista de nombres propios del lugar en el que se desarrolla la historia. Debemos tener presente también el género de nuestra narración: un nombre gracioso o ácido puede ir de maravilla en una historia de realismo mágico, mientras que un nombre oscuro y casi terrorífico se ajustará al espectro de un relato de terror o ciencias ocultas.

Por último, recordemos dos cosas:

  1. Es fundamental darle una intencionalidad al nombre para que el personaje se encuentre totalmente adherido a la historia, y sea coherente con ella.
  2. Un nombre puede ser un apodo: la Maga de Cortázar es un ejemplo de lo bien que puede funcionar un sobrenombre.

Novelas sin nombre pero con fuertes protagonistas

“El club de la lucha” (Chuck Palahniuk), “La estética de la resistencia” (Peter Weiss), “Memorias de una superviviente” (Doris Lessing), “El proceso” (Franz Kafka), “La bestia del corazón” (Herta Müller)… Podría enumerar una larga lista de novelones que han trascendido sin que jamás supiéramos el nombre de sus protagonistas.

El nombre del o los personajes principales de una historia es fundamental y la mayoría de los autores se quedan un largo tiempo pensando en cómo escoger el más apropiado. Sin embargo, ¿no resulta llamativo el no conocer el nombre del personaje? Eso rodea de misticismo la historia y puede ser sumamente enriquecedor para el lector.

¿Todas las novelas deben tener protagonistas con nombre?

Muchas novelas clásicas tienen protagonistas clásicos que no sabemos cómo se llaman. Curioso, ¿no? Sería interesante descubrir que somos capaces tanto de crear un personaje con un buen nombre como de prescindir de él pero no por eso de un firme e interesante protagonista.

Escribir una historia planteándonos como desafío la ausencia de nombres puede ser sumamente beneficioso; más aún si lo hacemos desde la perspectiva de la tercera persona. Los pronombres son lo único permitido para referirnos al o los protagonistas y a través de un buen uso de ellos podremos dejar en claro quién es ese personaje, puede que muchos lectores deseen ponerles un nombre.

A través de este ejercicio debemos encontrarnos más profundamente con el comportamiento de nuestro personaje y encontrar las palabras exactas para explicarlas. Entre las cosas que descubriremos está la importancia que puede tener un nombre en una historia.

Y ustedes ¿qué tienen en cuenta para escoger el nombre de sus protagonistas?

¿Todas las novelas deben tener protagonistas con nombre?

Comentarios1

  • Edna Diaz

    Darle un nombre a los personajes es una tarea difícil igual que ponerle nombre a los hijos. Muchas veces no le pongo nombre a mis personajes porque es fatigoso.



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