Richard Avedon en «Fotografías Literarias»


 
 
 
Esa imagen tan popular de Ringo Star enfrentándose a sus miedos contra el espejo pertenece al fotógrafo Richard Avedon, uno de los grandes artistas gráficos de su generación. Sigo nutriendo este ciclo de Fotografías Literarias con los mejores nombres de la imagen y no podía faltar en él Avedon.
 
 
 

De la pasión por la imagen a Harper’s Bazaar

Avedon nació en el seno de una familia de inmigrantes judíos. Desde pequeño sintió debilidad por las historias, tanto es así que en el colegio formaba parte del grupo de alumnos que colaboraban con la revista escolar. Entre sus compañeros de proyecto se encontraba James Baldwin, con quien Richard compartió muchas charlas que le sirvieron en su formación intelectual.

Cuando terminó el Instituto se alistó en la Marina, sin embargo, su pasión por la fotografía ya había echado raíces y, en los ratos libres que le dejaban las prácticas se dedicaba a fotografiar a sus compañeros y su entorno. Así fue haciéndose un nombre entre sus compañeros, que quedaban sumamente satisfechos de su delicado trabajo.

Desde 1944 hasta 1950 estuvo ayudando a Alexey Brodovitch en su laboratorio, donde aprendió muchísimo de fotografía e hizo sus primeros pinitos profesionales. A Alexey lo nombró siempre como su tutor y maestro, y aunque su forma de trabajar las imágenes es muy diferente, se percibe la notable inspiración en el artista soviético.

Cuando los directivos de la revista Harper’s Bazaar descubrieron a Richard no dudaron en hacerle un espacio y él aceptó sin saber que esta decisión lo llevaría a convertirse en uno de los fotógrafos de moda más relevantes e influyentes de su generación. Como bien lo afirmaron en su obituario en el New York Times, su trabajo en los retratos y la fotografía de moda permitió entender lo que la belleza y la elegancia significaban para la sociedad de aquella época.

Una mirada más allá de lo visible

Pese a haber dedicado muchísimo tiempo a la fotografía de moda, el interés de Richard no estaba puesto en el color de ojos y la piel tersa, le interesaba la vida, y con ella, la muerte. Por eso, entre sus fotografías encontramos numerosos retratos a gente de avanzada edad, en las que se vislumbra esa oscuridad que la incertidumbre y el miedo a la muerte nos provoca.

En la mayoría de sus retratos se ve esa sombra de misterio que rodea la vida, incluso en las imágenes de gente joven se nota eso; como si detrás de toda la belleza Richard hubiera querido asir algo velado para todos.

Richard Avedon fotografió a muchos escritores. Algunos de ellos fueron Susan Sontag (en esa fotografía hipnótica que he puesto más arriba), Truman Capote, Annie Leibovitz, Henry Miller, Humphrey Bogart. Pero detrás de su mirada estética había un empeño por humanizar a sus retratados y al observarlas podemos vislumbrar los ecos de sus obras en sus miradas, en sus poses, en sus manos; porque la magia de un fotógrafo está en saber usar la iluminación y los colores en favor del mensaje que se desea transmitir; por eso existen fotografías muy bonitas estéticamente pero carentes de alma. Pasa como con la escritura, la técnica es importante si hay un espíritu que la acompañe.

Para mí uno de los trabajos más interesantes de Avedon es el que más tarde reunió en el libro «In the American West». Un proyecto que consintió en viajar por pueblos perdidos del oeste de Estados Unidos para retratar a la gente que no estaba escribiendo la historia del país. Gente que trabajaba en el campo, en las minas, en las casas, en los pequeños establecimientos de pueblos que no aparecían en los medios, ni en la literatura.

Su extraordinario trabajo dejó joyas alucinantes como esta foto de abajo. Es posible que en ese niño se mirara Avedon, como se miró Ringo en aquella foto, con el deseo de descubrir esa esencia de vida que habita en la muerte y que sólo somos capaces de percibir en la infancia, ese tiempo corto, cruel y que, como decía Ana María Matute, dura toda la vida.



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