La poesía de «Trilce» de César Vallejo

Un día como hoy nacía César Vallejo. Cuesta decantarse por otro poeta latinoamericano a la hora de escoger baluarte. Sin duda, su forma de entender el lenguaje, es decir, de conquistar el territorio de las imágenes a través de un uso auténtico de la palabra, lo ha convertido en uno de los poetas latinoamericanos más fascinantes y necesarios. Pensando en su aniversario, y en agradecimiento a su eterna compañía he pensado en escribir sobre uno de sus libros más impactantes «Trilce», una lectura que les recomiendo encarecidamente a todos.

La poesía de César Vallejo

Búsqueda. Esa es una palabra que podría definir a Vallejo y también que podría servir para interpretar su poesía. César Vallejo quiso romper con las convenciones, porque se dio cuenta de que las estructuras formales y los mecanismos cotidianos de verbalización no le servían para explicar la vida. Al leerlo descubrimos a un poeta que araña las palabras, da vuelta las sílabas e intenta aferrarse a una nueva fórmula que le permita entender la vida de manera diferente, sin que al hacerlo pierda intensidad la experiencia.

Leer a Vallejo es zambullirse en un mundo desconocido donde lo onírico y la realidad pueden mezclarse, a tal punto que la vida comienza siempre desde cero, es decir, como si nunca nada de lo conocido hasta el momento hubiera existido. En «Trilce», que es su segundo libro, ya podemos descubrir este rasgo tan particular que lo convertiría en un poeta único e inolvidable.

En «Trilce» Vallejo asume la estética de lo desparejo. Se aleja de los ritmos tradicionales y se decanta por recursos menos delicados, como la cacofonía o la reiteración. Además, la preocupación por la forma y el alto conocimiento que tenía del lenguaje le sirven para hacer de cada frase un intento rotundo de renovar el sentido de nuestro léxico. Un empeño que le da muy buenos frutos. En «Trilce» descubrimos la chispa de la curiosidad que explota en versos contundentes que nos anuncian brevemente lo que vendrá después: un Vallejo variopinto que no se limita a contar, que quiere enseñar poco y dejar mucho para la imaginación, y que parece estar en constante movimiento.

Misterio. Esta es otra palabra que podría hilvanarse a su poesía. Porque sus poemas son directos pero, a la vez, rebuscados, y en ellos hay un hueco de misterio que los vuelve atractivos y nos obliga a releerlos con curiosidad de forma intermitente (e interminable). Hay frío, calor, miedo, tristeza en sus poemas y una visión retorcida pero luminosa de la vida y de la poesía. Esa es para mí, la gran belleza. Ese es el gran misterio al que me adentro cada vez que me acerco a su poesía, cada vez que releo «Trilce».

 

Trilce, un experimento revolucionario

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Experimentar. Esta es otra palabra que se acerca a Vallejo. Su poesía parece una constante mirada sobre lo que no existe; la confirmación de que escribir es lanzarse al vacío haciendo realidad esa posibilidad de hacerse otro, como dijera Juan Ramón, y de construir un universo realmente nuevo, no sólo nuevamente nombrado. Por eso nos impacta, por eso lo seguimos leyendo como el primer día, porque parece imposible tanta belleza, tanta ingenio en un sólo poeta, en un sólo libro. Si los «Poemas humanos» de Vallejo es el libro más hermoso que se haya escrito jamás, «Trilce» es la pronunciación del abismo, porque viene a decirnos que es posible otra poesía debajo de los huesos y la simiente del propio lenguaje.

«Trilce» fue su segundo libro; el primero en el que Vallejo era Vallejo. El anterior, «Los heraldos negros», aunque es otra de sus obras bestiales, estaba más cerca de las formas conocidas de la poesía. «Trilce» marcó un antes y un después, torció la balanza, empujó al poeta al fondo de sí mismo para explorar un territorio desconocido, ambiguo y lleno de soledades. Aunque en su momento fue motivo de desprecio por parte del mundillo literario (Vallejo era entre otras cosas un adelantado a su tiempo, y también al nuestro) «Trilce» es una muestra espeluznante del talento poético de Vallejo, creador de una estética inconfundible y de una mirada crítica sobre el mundo y la vida.

Ni Huidobro ni Joyce habrían escrito «Altozor» ni «Finnegans Wake» si no hubiera existido Vallejo. Esta sentencia que he leído por ahí crece en mí como una certeza, como esas verdades que una vez descubiertas ya no pueden ocultarse. Pero la onda expansiva es mucho más amplia: ni Viñals, ni Negroni, ni Pimienta, ni tantísimos otros poetas nuestros lindos, auténticos, sociales, radicales en el lenguaje, dolidos en la barbarie serían sin Vallejo. Por eso cuesta creer que haya poesía después de «Trilce», de Vallejo. Amén, poeta-dios.

 

Comentarios2

  • Rafael Merida Cruz-Lascano

    “Iconoclasta inextinguible”
    Zéjel: Al Grande Poeta
    “César Vallejo“Perú.

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    Letra peruana sacude
    al que su numen desnude.
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    En su cielo literario
    hay espejo iridiscente
    y su reflejo hondamente
    que lo convierte en santuario.
    .
    Letra peruana sacude
    al que su numen desnude.
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    Es su lamento poético
    con dolencia, desespero
    y su libre tema fiero
    que muestra su estilo sético
    .
    Letra peruana sacude
    al que su numen desnude.
    .
    Es conjuro singular
    que en su poesía viva
    la eleva por cognitiva
    y a sabios hace dudar:
    Letra peruana sacude
    al que su numen desnude.
    .
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    Dr. Rafael Mérida Cruz-Lascano
    Guatemala, C.A.
    .
    Iconoclasta: rompe con los dogmas o convenciones establecidas.
    Numen: idea del poder mágico que hay su poesía
    Iridiscente: colorida y “brillante”
    Santuario: personaje importante por su propio género.
    Sético: como lija. Auténtica rebelión contra los que dominan reglas.
    Cognitiva: elevada en conocimiento.

  • AZULNOCHE

    Un placer inmenso es conocer y saber más de este gran poeta latinoamericano.



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