La poesía de Antonio Lucas vuelve a Málaga

Este sábado en el Festival Irreconciliables de Málaga podremos disfrutar de la poesía de Antonio Lucas. Que sirva esta charla con el poeta para animarlos a acercarse.


Así comienza «La insólita precocidad del diablo»1, la mejor semblanza biográfica que he leído sobre Arthur Rimbaud. La escribió Antonio Lucas. Como periodista, Lucas pertenece también a una escuela de insólitos; personajes que se han encontrado de pronto con la ruptura de ese mundo conocido, arrasado por los tiempos vertiginosos que vivimos. Sostener el oficio pese a las bajas y a los cambios constantes ha sido seguramente el noble objetivo de su generación. Recientemente algunos han sabido reinventarse en «La esfera de papel», el nuevo suplemento cultural del periódico El Mundo. El último libro de Lucas, Los desengaños, trata precisamente de eso, de esa pérdida de sentido al que nos apuran los años pero también es un registro de una época específica. Conversé con él sobre este libro, que parece escrito con una mano que es mitad rabia mitad anhelo de luz. Nadie debería perderse su poética rotunda, cuidada y llena de lirismo.
 

La poesía como un lento fuego

Cuando en el 2014 Antonio Lucas recibió el Premio Loewe de Poesía, muchos no sabíamos que el periodista de El Mundo escribía poemas; aunque ya había publicado tres libros: Las máscaras (DVD), Lucernario (DVD) y Antes del mundo (Adonaïs). Lentamente, el escritor, nacido en Madrid en 1975, había ido haciéndose un hueco en la esfera poética, consiguiendo llevar sus poemas y su voz a festivales y antologías; pero fue seguramente ese premio el que le dio mayor notoriedad. Los que leíamos con afición sus columnas fuimos a sus poemas como quien vuelve a la casa de la infancia con el deseo de toparse con el niño o la niña que fue y reacomodar su sentido de ser sintiente. Probablemente supusimos que desde ese día volveríamos a leerle año tras año, como suele suceder con aquellos que ascienden y ven la oportunidad de llenarnos de su obra. Pero Lucas demostró estar hecho de otra madera.

Llevamos cinco años sin saber de él como poeta, al margen de algún festival al que lo invitan. Resulta llamativo que ciertas criaturas teniendo la oportunidad de quedarse en la luz prefieran retirarse al margen, quizá para evitar nuevos desengaños. En los últimos años el nombre de Antonio Lucas ha estado más vinculado a su decir periodístico –es uno de los mejores entrevistadores en activo– y sus columnas han dado mucho de qué hablar. Pero a mí me interesa preguntarle por su poesía, que lo trae a Málaga una vez más este sábado.

P—Fuiste escalando lentamente con tu poesía hasta conseguir el Loewe, y entonces, te callaste. Quiero preguntarte por tu silencio, y si seguirás callado como poeta por mucho tiempo.

R—El camino de la poesía es lento, aunque se aceleren a veces los pulsos. No tengo sensación de silencio, sino de caminar sin prisa. Entregué hace poco un nuevo libro a la editorial Visor, Los desnudos, que saldrá entre febrero y marzo próximos. Entre libro y libro suelen pasar, en mi caso, unos cinco años. Así que estoy en fecha.

La poesía de Antonio Lucas, sobre todo la que encontramos en Los desengaños, germina desde la rabia y parece querer alzarse contra esa torpeza mortal que nos hace sufrir cuando las cosas no tienen remedio. Pero hay también en ese libro una búsqueda de luz que lo vuelve aún más trascendente, es decir, poético. A medida que avanzamos en la lectura, parece ablandarse la tristeza, derretirse el hielo de la decepción, y surgir una especie de lumbre en medio de la noche. Y es esa luz la que me interesa, por su fuerza para transformar el fuego en luciérnagas, y no en cenizas.

P«Ahora que mis manos son casa desolada», escribes en Los desengaños. En medio de la rabia que supuso la escritura de ese libro, ¿hubo algo de luz? ¿La hay ahora, al releer esos poemas, cinco años más tarde?

R—Sospecho que algo de luz debió asomar, pero no he vuelto a leer el libro desde que corregí las últimas pruebas antes de la publicación en 2014, si no recuerdo mal. Los poemas de libros ya publicados sólo los recupero en algunos recitales y creo que no dan cuenta ya para mí de los días en que fueron escritos, sino del recuerdo de lo que entonces yo era. Aunque el estado de ánimo tan convulso, desolado y extraño en que escribí el ciclo de Los desengaños dejó su huella en mí.

P—También quiero preguntarte si se puede escribir poesía sin desear o intuir de algún modo la esperanza.

R—Imagino que se puede escribir todo sin intuir nada. Pero la poesía de la que disfruto como lector es aquella que no cierra todas las puertas. O no las cierra del todo.

Foto: Onda Cero

La vida, la estafa y el sur

Si bien Los desengaños ofrece cierta luminiscencia que se esparce desde pequeños instantes y que va abriéndose y arribando al interior del que vive, lee y siente la poesía, de fondo brilla esa oscuridad tan presente en ese Rimbaud al que Lucas admira. La honda pesadumbre de una época que se acaba, de un tiempo de grises, de máscaras y de vidas superpuestas, es sin duda uno de los ecos principales de este libro, sobre el que quiero detenerme ahora.

P«¿Y cómo es posible la vida más allá de la infancia?» ¿La vida es una gran estafa? ¿Y qué papel juega la literatura en esa locura?

R—No entiendo la vida como una gran estafa, sino como un casino raro. Se gana lo justo y se pierde de sobra. La literatura es el lugar donde uno busca las reglas del juego. O donde intenta hacer saltar la banca. O donde quiere saber más de aquello que no se ve tras las manos del crupier.

P—En tu poesía podemos notar la sombra de Hernández, de Cernuda, del buen Machado y de otros de la Generación del 27, ¿qué tiene de interesante este sur al que siempre vuelves?

R—Créeme: tan deudor del sur y tan entusiasta del norte. Los grandes poetas andaluces –de los contemporáneos destaco a Juan Ramón Jiménez sobre todas las cosas– han sido cantera y destello para otros muchos que vinimos detrás. Uno siempre vuelve al sur, al sur de todos los entusiasmos y todos los naufragios.

«El más extraordinario de los poetas», escribe Lucas sobre Rimbaud2. Y en otra de las semblanzas, la de Ajmátova 3 dice que «Sobrevivirse fue su más alta conquista». Esa humildad de quien admira a los que estuvieron antes es seguramente uno de sus mayores dones, el cual se traduce en una poesía que se alimenta de la tradición para llegarnos al corazón; me temo que aunque sea el nuestro un corazón helado, no podremos evitar la chispa del fuego de su poesía. Nadie debería dejar de leerlo.


Antonio Lucas compartirá escenario en el Barco Poético de Irreconciliables con Juan José Telléz y Carlos Catena. La cita es el sábado 5 a las 13.30, en el Muelle Uno. ¡No te lo pierdas!

Foto: Zenda

REFERENCIAS

1 y 2. «Arthur Rimbaud. La insólita precocidad del diablo». Vidas de santos de Antonio Lucas (Círculo de Tiza. 2015)

3. «Anna Ajmátova, cómo helarse en el infierno». Vidas de santos de Antonio Lucas (Círculo de Tiza. 2015)



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