«Península», de Santi Fernández Patón —Editorial Mitad Doble—

«Península», de Santi Fernández Patón —Editorial Mitad Doble—Recordar. Olvidar. Aprender a vivir con la memoria. Sin duda estas son las acciones que nos determinan. La vida con sus misterios atraviesa la literatura como si fuera el cordón de asfalto de una ciudad. Y ahí, donde la realidad se posiciona como la certeza absoluta, aparece la memoria, que se construye a golpes y que nos ofrece imágenes de una misma cosa susceptibles de ser revisadas y redibujadas con el correr de los años.

Es la memoria el hilo del que tira Benito, el protagonista de «Península» de Santi Fernández Patón (Mitad Doble), para reconstruir su identidad. A grandes rasgos podría decirse que es una novela que explora en la forma en la que se talla la historia individual y colectiva, y en la dificultad que supone crearse una vida propia, fuera de los límites dibujados por el sistema. Pero sobre todo, es una lectura llena de magia y del fervor característico de los primeros libros (cuando la desprolijidad está relacionada con el estilo y la pasión no puede disimularse con estructuras maniáticas).

La memoria como punto de partida

Benito despierta con las primeras luces del alba. Del sueño se trae la imagen de dos niños jugando en el barro: uno es él, la cara del otro está borrosa. Benito se pregunta si la silueta se corresponde con la de su amigo Domingo pero la memoria no acude a completar esa definición. En la necesidad de desvelar y definir los trazos del retrato visita a su amigo (que está internado en un hospital de salud mental). Este el punto de partida que determina «Península»; a partir de esa imagen onírica Benito irá despertando y revisando su historia y la del mundo que habita.

Benito es un orfebre que vive alejado del casco urbano, en una casa-cueva abandonada en la que apenas cuenta con los servicios mínimos. Se levanta muy temprano, aboceta algunas piezas y funde el metal. Tiene un muestrario que va llevando por la ciudad, pero rara vez le salen compradores. El suyo es un oficio que no tiene una utilidad en un mundo hueco, rutinario y gris.

Entre los trabajos que realiza hay uno que despierta en él una cierta obsesión: la figura de un hombre saltando al vacío desde un despeñadero. Convencido de que había vida más allá de la isla comenzó a tallar esta imagen unos años atrás, pero por mucho esfuerzo que ha puesto en acabarla, sigue incompleta según pasan los años. La búsqueda de otra orilla, el empeño de volar y pasarse por alto las normas parece lo que le motiva a seguir trabajando en ella, pero es como si el propio creador no pudiera terminarla hasta no convertirse realmente en ese hombre.

«Península», de Santi Fernández Patón —Editorial Mitad Doble—

Una cacotopía equilibrada

Aunque a simple vista (y lo dice el propio Santi en la introducción) podríamos decir que «Península» nos presenta una realidad distópica, a mí, que siempre me gusta llevar la contraria (en todo lo que puedo), me ha parecido más bien una historia que se equilibra perfectamente entre utopía y cacotopía. Es decir, si bien la primera idea que aparece es la de una sociedad en la que se evidencia la sumisión del pueblo a un sistema corrupto, existen ciertos elementos luminosos de la trama y del estilo escogido por Santi que se alejan de los presentes en las obras de este tipo.

La utopía podríamos verla figurada en la posibilidad de hacer tu propio camino y de disfrutar del trabajo artesanal y también en el planteamiento de una sociedad donde se puede vivir libremente la sexualidad. Así se equilibra la vida en esta sometida isla donde el Copiador rige el comportamiento, las ilusiones y la forma de encarar la vida de la gente.

Entre los puntos que más me han maravillado de la escritura de Santi destaca la forma en la que introduce la homosexualidad del protagonista. En general sucede que las relaciones mal llamadas aconvencionales se presentan en la ficción a través de preámbulos o explicaciones o como punto central del conflicto, resaltando así su caracter exótico. En «Península» la sexualidad de Benito está clara desde la primera página y no hay reflexión en torno a eso; se vive con la misma naturalidad que se plantea la heterosexualidad en cualquier otra historia de ficción.

La literatura sigue a años luz de un espacio donde se experimente realmente la igualdad sexual (quizás, porque ella es el reflejo del mundo que hacemos-somos). Los escritores asumen (y de allí parten) que la norma es la heterosexualidad; se vuelve entonces necesario explicar o matizar la homosexualidad para que no queden evidencias de ella. «Península» fue escrita, dice Santi, hace casi veinte años; me parece asombroso que siendo una primera novela haya conseguido en ella esta naturalidad. ¡Mucho que aprender en este aspecto de este autor!

«Península», de Santi Fernández Patón —Editorial Mitad Doble—

Los libros que no volveremos a escribir-leer

He leído este año «Grietas», la novela con la que Santi ganó el último Lengua de Trapo. Entre ambos relatos se nota el crecimiento (eso da gusto decirlo y supongo que a los escritores les gusta escucharlo), pero también, la pérdida de la inocencia. Por eso pienso que es importante leer «Península» porque, aunque a nivel narrativo se le podrían señalar algunas debilidades que no tiene la última novela de Santi, es impactante y posee lo que muchas obras maestras no tienen: se halla escrita con pasión y sed literaria .

Una de las cosas que otorga la experiencia es la imposición de una cierta rigidez; la preocupación por las formas lleva a los autores a perder cierta frescura para ganar oficio. Así es todo en la vida. Por suerte, nos queda la memoria.

Sin duda insisto en que hay que leerlo porque he disfrutado de «Península» como de esos primeros encuentros amorosos, que rememoras con cierta melancolía cuando la relación ya ha pasado a mayores o a pasado. Porque es sobre todo un libro que desprende fervor literario y un deseo profundo de hacer de la literatura una forma de estar en el mundo.

Queda mucho por decir sobre esta novela. La leería en voz alta si eso cautivara a más lectores. ¡Cuánta necesidad hay en el estancado mundo de los libros de obras frescas, apasionadas, que no hayan sido corregidas por el gran Copiador que modera el curso que debe seguir la escritura! ¡Gracias a Mitad Doble por apostar por esta bellísima novela de Patón! ¡Lean, lean, lean, porque es una inyección de buen gusto y amor literario!

 
 
«Península», de Santi Fernández Patón —Editorial Mitad Doble—

 

PENÍNSULA
Santi Fernández Patón
Mitad Doble
978-84-945804-1-3
115 páginas
12 €



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