«Pan y toros», de Juan Ignacio Codina Segovia —Plaza y Valdés—

«Pan y Toros», de Juan Ignacio Codina Segovia es un libro que nos ofrece muy buenos argumentos para defender a los demás animales, en un mundo cada vez más sordo al sufrimiento ajeno.

En su libro «Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas», Melanie Joy reflexiona en torno a la tríada cognitiva que nos sirve para justificar la violencia contra los animales. A través de la cosificación (verlos como cosas vivientes carentes de emociones), la desindividualización (no poder asumirlos como seres independientes entre sí) y la dicotomización (considerarlos seres inferiores, creados para satisfacer los deseos de la especie humana) se sostiene un sistema jerárquico donde los demás animales no cuentan sino como recursos creados para satisfacer las necesidades de los humanos. La tríada se pone en marcha mediante mecanismos de control que incorporamos de forma invisible a través de la educación y que nos llevan a mantener una distancia con la realidad que nos permite aceptar la violencia y el sufrimiento animal sin cuestionarlo. He pensado en este libro al leer «Pan y Toros», de Juan Ignacio Codina Segovia (Plaza y Valdés) porque en esos mismos mecanismos se apoya la idea de que el antitaurinismo es algo novedoso y con poca perspectiva de futuro. Este libro llega para desmentir esta falacia y para demostrarnos que a lo largo de la historia han existido muchos pensadores que han cuestionado la fiesta taurina por la violencia a la que se halla ligada. Codina nos ofrece aquí una lectura sobre la historia del pensamiento antitaurino y las razones por las que continúa siendo para muchos una línea argumental desconocida, a la vez que nos invita a abrir los ojos para animarnos a luchar por una sociedad más justa.

Españoles de la historia contra los toros

«Pan y toros» es un ensayo histórico que nos permite descubrir el pensamiento antitaurino en numerosos personajes que a lo largo de la historia se opusieron a esta barbarie apelando a la razón, a la ética y a la sensibilidad. Desde Goya hasta Ruth Toledano, pasando por Juan Ramón Jiménez, Jaime Gil de Biedma y Emilia Pardo Bazán, podemos reconstruir una mirada crítica sobre las excusas que le han servido a los taurinos para sostener una fiesta que debería haberse terminado cuando lo hicieron el resto de los espectáculos con animales, en aquella Europa que se autodenominaba Ilustrada. Así, dice Codina, mientras en otros países la gente iba al teatro, a la ópera o al parque, en España, acudían a las plazas, para alentar la cobardía de humanos armados frente a un animal desesperado y aturdido por el miedo.

Pero siempre hubo una opinión contraria. Ya en la Edad Media hubo autores que escribieron contra esta barbarie. Y es en esta idea en la que se fundamenta este libro. Parece como si toda la obrao girara en torno a la pregunta ¿por qué si todas estas personas creyeron en un país sin violencia ahora quieren hacernos creer que las ideas abolicionistas son una cosa moderna, de gente que no entiende la importancia de la tradición y su legado cultural? La respuesta salta a la vista, y se relaciona con esos tres mecanismos a los que se refiere Joy. La tauromaquia ha conseguido estructurar su pensamiento y su subsistencia aliándose con quienes detentan el poder, ese grupo de la sociedad que se beneficia de la sumisión del pueblo, que se sostiene gracias a la inacción de los ciudadanos, y que los prefiere noqueados por la sangre y la violencia, incapaces de reaccionar frente a la vida.

Este libro es una excelente oportunidad para obtener un mapa del pensamiento antitaurino y para sacar del armario del taurinismo a artistas que han sido leídos, observados, queridos, desde una lectura dogmática y opuesta a sus propias ideas. Desfilan por aquí criaturas como Goya (cuyas obras en lugar de mostrar una inclinación a favor de la fiesta taurina como han intentado demostrar sus diversos biógrafos, son claramente una denuncia de la sordidez que este mundo esconde) y Emilia Pardo Bazán (que a lo largo de su obra no cesó de escribir contra las corridas y de declararse en contra del maltrato animal), entre otros hombres y mujeres deseosos de construir una sociedad más justa.

Progreso social: la importancia de educar para el cambio

Sobre los diversos mecanismos del sistema para silenciar el pensamiento antitaurino también se explaya Juan Ignacio. Y nos ofrece una inteligente reflexión que sirve para comprender por qué durante mucho tiempo quienes se mostraron enemigos de la fiesta fueron silenciados: una minoría censurada que necesitó moverse y posicionarse desde las sombras. Son cuatro las formas que ha encontrado el sistema para menospreciar un pensamiento tan antiguo y tan resistente como el antitaurinismo; formas tejidas en torno al silenciamiento, la manipulación, la negación y la tergiversación de la realidad.

Todos estos argumentos sirven para echar por la borda esa idea de que esta oposición es una moda surgida de nuestro tiempo, y pueden ser muy útiles para reconstruir una mirada sobre el propio país desde una perspectiva no violenta. Aquí tengo una pequeña inquietud respecto al planteamiento de Codina. En su mirada hay una constante revisión de lo que los demás países europeos hicieron para afrontar los cambios derivados de la Ilustración; lo que por un lado resulta una crítica aceptable se me viene abajo cuando pienso que en ese mismo período esos imperios «civilizados» también realizaron actos deleznables contra humanos y animales, por lo que ya no me sirven de ejemplo loable. Lo que intento decir es que para sostener una mirada crítica sobre la tauromaquia más que recurrir a los urbanitas y al intelectualismo europeo (y europeizante) habría que recogerse en las culturas consideradas primitivas, en una mirada sobre la naturaleza y no sobre lo que creemos que es la naturaleza.

En ese sentido es también un libro que parece honrar con entusiasmo la occidentalización de la vida y que parece abogar por la razón a la hora de erradicar algo tan antinatural como es la violencia contra los animales. En mis treinta y tantos años de vida he descubierto que las personas más conscientes del sufrimiento animal son las que menos acceso a una educación formal han tenido, porque lo que nos vuelve empáticos no es la comprensión intelectual de los otros sino la capacidad de sentir como ellos.

Abolición y esperanza

Vuelvo a Melanie porque pienso que hay lecturas que se retroalimentan; y me ha ocurrido con estos dos libros. Hay una chispa de entusiasmo y esperanza en ambos discursos que, pienso, puede ser sumamente necesaria en estos tiempos de oscuridad. Me entusiasma la luz que emite el discurso de Juan Ignacio, y aunque por momentos lo veo un poco utópico, es alentador leerlo y pensar que somos muchos más de los que creía(mos) mirando hacia un mismo lugar: un futuro donde la protección y el entendimiento del resto de los animales sea un hecho irrefutable.

No quiero que se me quede fuera uno de los puntos fuertes del libro. La detallada bibliografía, que Juan Ignacio ha sabido organizar en cada capítulo y que sirve no sólo para confirmarnos el exhaustivo trabajo de investigación y la exquisita documentación que acompaña cada una de sus afirmaciones, sino que además actúa en nosotros como una invitación para acercarnos a todas esas guaridas en las que el pensamiento del autor ha ido germinando y tomando forma. Todo ello sirve para brindarnos nuevos y contundentes puntos de vista sobre la historia del pensamiento antitaurino.

En definitiva, «Pan y toros» nos invita a realizar un recorrido sobre la historia del antitaurinismo, nos regresa a autores que se han opuesto rotundamente a la violencia contra los toros y nos da buenos argumentos para defender a los animales. Estoy segura de que puede ser un excelente punto de partida para regresar a nuestro mundo con el deseo ardiente de conocernos y de colaborar de forma directa con el cambio.

Hay que leer «Pan y toros» para encontrarse con el pensamiento antitaurino de numerosos intelectuales y para poner en práctica un plan donde nos empeñemos en practicar y promover la empatía, a través de la visibilidad de los otros como seres sintientes, apelando a las emociones y no a la razón; porque es justamente la anulación de nuestro sistema emocional lo que hace posible que continúe en pie esa tríada de la que habla Joy y que permite que la tauromaquia resista al paso y peso de la historia y de la evolución.

 
 
 
 
PAN Y TOROS
Juan Ignacio Codina Segovia
Prólogo: Silvia Barquero
Plaza y Valdés
978-84-17121-19-8
240 páginas
14,50 €



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