Omar Khayyam y las virtudes del vino

Son muchos los escritores que han pasado por este ciclo de literatura y alcohol. Sin embargo, y para dejar constancia de que esta relación es antiquísima, el personaje de hoy será un poeta del siglo II, Omar Jayyam o Khayyam, quien aparte de haber sido un importante matemático, dedicó mucho tiempo a estudiar el universo, convirtiéndose en un profeta ácido, capaz de dar vida a las más curiosas reflexiones. Entre sus principales aficiones se encontraba el alcohol. Bebía vino de forma empedernida, con la misma pasión que le llevaba a entregarse a otros placeres de la carne.

Khayyam y el vino

Dicen que el vino alarga la vida, quizá a eso se deba que Khayyam haya superado los 80 años de edad. Dejó constancia de su relación con el alcohol en sus «Rubaiyat», una rotunda alabanza a la celebración de la bebida, más específicamente del vino, que era su bebida favorita. En muchos de sus poemas esta bebida aparece como protagonista. Es importante señalar que este nombre «Rubaiyat», que podría traducirse como «cuarteto» hace referencia a un tipo específico de métrica, en estrofas que se componen de cuatro versos donde los dos primeros y el último riman y el tercero es irregular. Este tipo de estructura aunque al día de hoy la conozcamos bastante, sobre todo en lo que hace a la poesía clásica árabe, en aquel momento no era conocida, por lo que podríamos decir que fue Khayyam el primero en utilizarla.

En el caso de Khayyam, a diferencia de muchos de los personajes que han pasado por este ciclo, la relación alcohol-literatura se encuentra absolutamente ligada a la alegría y a la vida; al deseo de extender los momentos de gozo y hacer de la vida misma un largo camino de alabanza y bienestar. Lejos de decantarse por el vino para encontrar un punto de alivio en el malestar o los desórdenes mentales (explicación muy reincidente por lo que hemos visto entre artistas y alcoholismo), Omar se acercaba al vino como si de un fiel compañero se tratase, como de una necesidad benevolente que le permitiese disfrutar más de la vida; o al menos eso es lo que podemos deducir de sus poemas.

Una de las curiosidades de Khayyam es que durante siglos fue valorado por sus virtudes como matemático y astrónomo pero se desconocía su poesía. Recién en el siglo XIX, cuando el hispanista inglés Edward Fitzgerald se fijó en ella y la tradujo, el autor de los «Rubaiyat» comenzó a hacerse conocido tanto en el mundo como en su propia Oriente. Esas son quizá las cosas que no pueden adivinarse o sostenerse con la ciencia, para lo que poesía y azar juegan un papel fundamental.

Khayyam, el poeta que renovó la poesía persa

Frente al carácter finito de la vida sólo nos queda una cosa: disfrutar, transformar cada instante en la razón por la cual vivimos. Nacido en 1040, Khayyam fue un poeta entregado a los placeres de la vida, siendo no sólo capaz de disfrutarlos en sus diferentes carismas sino también de escribir sobre ellos e instar a otros a gozar de sus beneficios. En la obra de Khayyam el vino y el amor son refugios necesarios para apaciguar la rapidez violenta con la que la vida pasa.

Es importante señalar, sin embargo que para muchos hay también en su poesía una visión pesimista, donde se deja en evidencia la melancolía que impone el paso del tiempo y la forma en la que se trenza nuestra relación con lo sobrenatural. Sin duda, caben ambas interpretaciones para tan amplia poesía.

La vida de Omar Khayyam estuvo dividida entre su amor por la poesía y sus intereses científicos. Su relación estrecha con el sultán de Seljuq, Malik-Shah, le permitieron costear sus investigaciones astronómicas; además de haber hecho numerosos avances en este campo que permitieron el desarrollo de ciertas transformaciones en el calendario. Estos cambios darían inicio a la nueva era, conocida como la era Gialali (una denominación vinculada al seudónimo de Malik-Shah. Además, colaboró de muchas otras formas con el prestigio del sultán, siendo uno de los fundamentales encargados de la construcción del observatorio de Isfahán (uno de los sitios más deslumbrantes de Irán).

Tomar vino para experimentar la vida eterna. Esa era la receta de Khayyam para conseguir disfrutar de la existencia. No suena tan mal ¿verdad?

Comentarios2

  • Thenamora

    Interesante historia, gracias por compartirla.

  • mariat araure

    excelente la cita de algun poema es necesaria



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