
El 30 de octubre de 1910 llegó a este mundo una de las voces más fascinantes de la literatura española del siglo XX: Miguel Hernández. El gran referente de la Generación del 36, vinculado emocional y políticamente al Grupo del 27, compuso algunos de los poemas más brutales de un tiempo tremendo y doloroso. Desde su singularidad creó una voz colectiva para visibilizar la herida de los olvidados y se convirtió así en el gran poeta de los sin voz. En el artículo de hoy recordaremos a uno de los más importantes autores de este período: Miguel Hernández. Te contamos quién fue, cuáles son las peculiaridades más asombrosas de su poesía y te invitamos a leerlo.
Hernández: de una infancia rural a ser voz de los marginados
Miguel Hernández nació en Orihuela (Alicante) el 30 de octubre de 1910. Pasó sus primeros años en un entorno rural: su padre tenía un estableciemiento ganadero. Esta etapa primigenia de su vida dejaría en él una huella profunda, que alimentaría su imaginería poética de forma contundente. En estos primeros años también descubrió el lenguaje y se fue convirtiendo en un lector cada vez más voraz. Estudió de forma autodidacta a los clásicos españoles, siendo un ferviente amante de las obras de Garcilaso de la Vega, Luis de Góngora, Francisco de Quevedo y san Juan de la Cruz. También en este tiempo conoció a Ramón Sijé, escritor e intelectual de Orihuela, quien le abrió un mundo y lo acercó a los círculos literarios.
Su primer viaje a Madrid, en 1931, sería fundamental para decidirse en el camino poético. En un momento de alta ebullición cultural Hernández se unió al exquisito trabajo de las Misiones Pedagógicas y comenzó a colaborar con diversas revistas de la época. En esta época publicó su primer libro, Perito en lunas, en el que demostraría un control asombroso sobre las formas clásicas. A esta publicación le seguirían El rayo que no cesa, Viento del pueblo y El hombre acecha. A lo largo de sus diversos libros, demostró un gran compromiso con su gente y su época. Algo que marcaría notablemente su trayectoria literaria y vital.
Durante la Guerra Civil, Hernández fue perseguido y apresado. Su participación activa en el bando republicano y su colaboración en tareas culturales enfocadas en promover la libertad y la seguridad, fueron señaladas por la derecha que no dudó en privarlo de su libertad. Pese al apoyo de amigos con cierta influencia, Miguel Hernández pasó unos últimos años terribles. Intentó huir de España cruzando la frontera portuguesa, pero fue detenido por la policía de Portugal y entregado a las autoridades franquistas en mayo de 1939 que recrudecieron su trato con él. Durante este último tiempo compuso algunos de los poemas más potentes de toda su obra que se recogen en la obra Cancionero y romancero de ausencias.
Con apenas 31 años contrajo tuberculosis y falleció entre rejas el 28 de marzo de 1942, dejando uno de los testimonios más violentos y avergonzantes de la historia cultural española del siglo XX. Uno de los muchos mártires que dejó la dictadura franquista en España.

El poeta de los olvidados
El hambre como experiencia poética
El hambre es el gran tema de la obra de Miguel Hernández. Atraviesa todos sus poemas y permite comprender la dimensión humana y política de toda su escritura. Partiendo de la experiencia física, vinculada a su situación económica, Miguel Hernández llega al símbolo, convirtiendo la experiencia en una forma personificada de la desigualdad, de las injusticias y de la desesperación. Al leer sus poemas entramos en un universo material y simbólico donde hay un vínculo incuestionable entre el cuerpo individual y la realidad colectiva. Lo que le sucede al individuo está enmarcado en unas condiciones históricas determinadas y se parece a la experiencia de otros muchos individuos.
Al revés de lo que encontramos en otros poetas de su generación, en Hernández el cuerpo habla en el poema. Las experiencias son tan corpóreas que lo simbólico añade sentido pero no aleja la experiencia material del lenguaje. Su poesía nos invita a realizar un ejercicio de empatía hacia los otros, visibilizando el sufrimiento sin tapujos, transformando la historia individual en una voz colectiva. El poeta se ocupa de los olvidados, de los que no tienen voz pública, de quienes se han visto empujados a vistas con condiciones materiales precarias, a través de unos poemas fascinantes.
El poema tiende a la luz; se ve precipitado a la desesperación, pero ve más allá de la herida. Si tenemos que señalar una única cualidad de toda su poesía, sería ésta. Hernández construye un espacio de imaginación y de resistencia en medio del dolor. La poesía trabaja con el sufrimiento pero busca consolar al ser humano. Así, encuentra en el amor una fuerza capaz de sostener la vida incluso en las condiciones más adversas. Sin lugar a dudas, leerlo es atreverse a mirar el mundo con nuevos ojos.

La obra de Miguel Hernández va del cuerpo a lo colectivo

Debes estar registrad@ para poder comentar. Inicia sesión o Regístrate.