Jaime Gil de Biedma en el recuerdo de Ana María Matute

Jaime Gil de Biedma en el recuerdo de Ana María Matute

Hay personas que por muchas cosas que les sucedan y por tiempo que las arrolle, no cambian su esencia. Siempre me ha gustado acercarme a personas así, porque parecen envolverte con su luminosidad. Ana María Matute, siempre pequeñita, parece ser cada vez más hada, más gnomo, más duende… Y persiste en ella la dulzura de siempre, el brillo elegante y pícaro de sus ojos, que parecen ver mucho más allá de lo que miran.

Ayer, en un evento a propósito del aniversario del fallecimiento de Jaime Gil de Biedma, tuve el agrado de ver a esa mujer-hada en persona: riendo, contando y soñando en voz alta con la elegancia que la caracteriza. En este artículo hablaré sobre ella, sobre Gil de Biedma, la Gauche Divine y la fantástica relación que unió a estos amigos.

Málaga celebra la poesía de Jaime Gil de Biedma

Entre Jaime Gil de Biedma y Ana María Matute hubo complicidad, dicho por ella misma. Ambos anhelaban haberse quedado suspendidos en la infancia: esa época que nos arrebatan cuando apenas estamos aprendiendo a ser, y que ya no podemos tocar en la vida.

En una actividad desarrollada para conmemorar a este inmenso poeta, el Centro Cultural Generación del 27, que depende del área de Cultura de la Diputación de Málaga, invitó a la gran amiga de Biedma para que nos trajera sus recuerdos sobre el poeta.

El acto recibió el nombre de «Mis recuerdos de Jaime Gil de Biedma» y en él la escritora (de 88 años) hizo un recorrido por la amistad que los unió, y habló de la importancia de esta relación en su vida. A través de sus imágenes, Matute nos llevó en un viaje por ese pasado lejano y lleno de magia.

Jaime Gil de Biedma en el recuerdo de Ana María Matute

La poesía directa de Jaime

Gil de Biedma es uno de los nombres que primero aparecen al pensar en la Escuela de Barcelona. Y a su lado, sus amigos: Gabriel Ferrater, Carlos Barral y Juan Marsé; y también mujeres, Ana María Matute y Ana María Moix, por citar dos autoras relevantes.

La poesía de Biedma sorprende porque, a pesar de haberse nutrido de la poesía del surrealismo francés, presenta un estilo que roza lo coloquial y que resulta directo e irónico. Fue un autor cuidadoso que prefirió publicar solamente aquello con lo que realmente estuviera convencido.

Seguramente, es uno de los poetas más importantes de su generación.  Uno de los que ha trascendido de aquella generación que se vio dividida por la guerra, por la dictadura y los prejuicios sociales pero que representó, junto con el Siglo de Oro Español, una de las épocas más gloriosas y nutritivas para la literatura española de todos los tiempos.

Entre lo más destacable de su trabajo podemos mencionar la intensidad de sus palabras: la calidad y el empeño en corregir cada coma, cada ápice de sus composiciones.

Jaime Gil de Biedma en el recuerdo de Ana María Matute

Jaime y el paso de los años

Del acto me llevo la extraordinaria semblanza de Ana María Matute hecha por Guillermo Busutil, uno de los narradores actuales más alucinantes. Me quedo con sus alusiones a la obra de la Matute y su extraordinaria capacidad dialéctica para introducirnos en ese mundo de los años sesenta.

Busutil nos habló de un Jaime preocupado por el paso del tiempo. Y Ana María Matute corroboró su sentencia. Jaime era muy buen mozo y le pesaba mirarse al espejo y verse «ya mayor», aunque todavía le quedaba tiempo.

Al oír eso recordé aquellos versos alucinantes de «No volveré a ser joven«. En ellos, el poeta deja en evidencia el desplome de los sueños infantiles, la certeza de que la vida no es un camino de rosas y que la mortalidad nos convierte en seres desagradables y poco bellos.

Jaime Gil de Biedma en el recuerdo de Ana María Matute

El dolor de los que nos dejan

Y para ir cerrando quiero citar estos otros versos inolvidables:

Y de ese dolor sabe Ana María, que ve morirse a los que fueron sus amigos sin poder hacer nada por remediarlo. «No hay derecho«, dice. Y la ira se dibuja en sus ojos que parecen ser la eterna luminaria de aquella imprescindible generación literaria.

Por lo visto la vida continúa siendo posible, y necesarias las palabras de poetas como Jaime y Ana María. (Me temo que aunque ella afirme que no escribe poesía es una de las grandes voces de este arte). Palabras que continúan iluminando el espacio para los que nos quedamos, resistiendo, como Ana María Matute.

No hay derecho a que se nos vayan pero no podemos hacer nada por evitarlo. Al menos nos queda su poesía, sus aromas impregnados en hojas que nos resistirán incluso a nosotros. No hay derecho, y un trocito de nosotros se muere y dura el dolor adentro, que se aferra a nuestros huesos.

Que sea la poesía ese alivio necesario para sobrevivir; como lo habrá sido para Jaime contar con un sol cándido como Ana María, misterioso, capaz de empujarle a sonreír frente a tanto sinsabor.

Jaime Gil de Biedma en el recuerdo de Ana María Matute



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