Esa fascinación por los diarios de escritores

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Esa fascinación por los diarios de escritores

Los diarios, ese extraño género literario que escarba en la intimidad de las personas hasta dejarlas absolutamente expuestas, desnudas y vulnerables. ¿De dónde viene esa fascinación que el mundo de las letras siente por este género?

Los diarios, esa extraña ficción

La escritura de diario es casi tan antigua como la literatura; aunque la tradición de dejar plasmada la vida en un papel, tal cual hoy la conocemos, se le atribuye a Stendhal quien en 1801 compuso lo que llamamos el primer diario de escritor. Más tarde vendrían los famosísimos diarios de Casares, Pizarnik, Castillo y Rabanal, entre otros.

Cabe mencionar que la forma en la que se construye un diario puede ser sumamente interesante para construir ficción. Es decir, extraer el potencial de la estructura de estos textos vivos para poder crear una narración absolutamente verosímil dentro de lo que en la ficción cabe. Esto es o que hace, por ejemplo, el argentino Piglia, con cierta maestría, debo decir.

Y es que el objetivo de un diario de escritor es hacer ficción, quizás deberíamos partir de esa base. Pese a que nos suele impresionar el oír frases como «esto pasó de verdad» o «es una historia real», como lo decíamos en el artículo de ayer, nada es del todo cierto. Porque la forma en la que contamos la realidad no es la propia realidad sino nuestra percepción. Por ende, escribir un diario es construir un personaje, planificando un perfil, una forma de comunicarse. Lo más interesante de este tipo de textos es que trabajan en el monólogo, en el diálogo interno, algo más difícil de conseguir en otras formas de ficción. Puede que sea precisamente eso lo que nos atrae de los diarios y memorias.

Esa fascinación por los diarios de escritores

Diarios y acontecimientos históricos

Antiguamente los diarios servían para compartir acontecimientos importantes, sucesos históricos quiero decir. Hace un tiempo leíamos «Los cuadernos de guerra» de Louis Barthas y quizás releerlo pueda servirnos para echar un balde de luz sobre este texto.

Lo que Barthas narra es la forma en la que se desarrolla la vida ante sus ojos: el comportamiento de sus jefes y de sus compañeros de batalla, la manera en la que llueve, el frío, el hambre. Todo eso está en esos cuadernos y es la evidente verdad de un hombre que no quiere pelear pero se ve obligado a hacerlo.

No obstante, de Barthas el hombre sabemos poco (de su vida real, quiero decir); lo que vemos es un personaje, un hombre vivo en esas más de seiscientas páginas, que nos habla, nos llora, nos explica. Pero sabiendo que existió sus palabras es como si adquieran más relevancia. Y ¡ahí reside el secreto de los diarios! Pensar en que el que está del otro lado estuvo realmente nos conmueve de una forma diferente, por eso amamos los diarios y les damos credibilidad. Por eso los diarios gozan del prestigio que a veces no alcanza la ficción.

Esa fascinación por los diarios de escritores

Los diarios en la obra literaria de un autor

Los diarios también ofrecen un espacio para que los autores reflexionen sobre sus propias obras. Así, pueden crear pequeñas entradas con aclaraciones sobre los textos que estén trabajando; por eso la mayoría de estos cuadernos se encuentran llenos de ficción y de personajes con los que identificamos a esos autores.

Además, en un diario muchos autores dicen lo que no se atreven a contar en su obra literaria. Tal es así que, la mayoría de los diarios (generalmente publicados de forma póstuma) cuentan un montón de secretos inexpugnables de sus autores, sus actitudes de vanidad o su deseo de ser reconocidos, sus iras, sus frustraciones, sus pasiones. No obstante, quizás funcionan como un espacio donde pueden sincerarse. ¿Sincerarse? Sí, eso he dicho. Pero ¿sincerarse con quién? Esto significaría que hay un deseo de que alguien lea esos diarios. Sí, eso es evidente porque generalmente se puede percibir un gran cuidado en la elección de las palabras y expresiones. No se escribe exactamente para uno. Cito a Pizarnik:

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Esa fascinación por los diarios de escritores

Buscar la sinceridad ¿para quién?

En parte escribir es salvarnos, más aún como dijo Gide, «escribir es poner algo a salvo de la muerte«. Por eso publicar un diario no puede hacerse mientras el escritor está vivo porque entonces estaría quitándose algo de vida, un trozo de alma, de espacio, de tiempo. Pero aquí aparece un problema: al publicarse de forma póstuma, la mayoría de los diarios pasan por un tamiz de interpretación; el editor tiene que darle forma para que aquel texto pueda venderse. Entonces, en esa interpretación el texto tiende a perder eso de contradictorio y de espontáneo que tiene la propia conversación. Pero, si no existieran esos editores aficionados a la publicación de diarios, puede que este género ya se hubiera extinguido.

Pero lo más interesante en la escritura de los diarios es esacomún obsesión por alcanzar la sinceridad. ¿Sinceridad ante quién? Si el diario es un texto para uno mismo, para contarse a sí mismo, ¿por qué preocuparse por esa limpieza? Y si es para los lectores ¿por qué hacer como que hablamos con nosotros mismos?

Creo que hay un deseo de contarse hacia fuera y por eso esa obsesión por evitar metáforas y recursos que puedan resultar confusos. Hay un deseo del autor de trascendencia detrás de ese trabajo; no tanto de llegar a los otros desde su humanidad sino desde su obra literaria. E intuyo que es eso lo que convierte a los diarios en un tipo fabuloso de ficción, porque encierra el deseo de toda la humanidad de vivir, de revertir esa situación de mortales que sabemos no podemos cambiar.

Quizás, si empezáramos a ver este género como uno más de los tipos de ficción podríamos aprovechar todo lo que tienen para ofrecernos y acercarnos a sus lecturas como quien explora una buena novela y se identifica con un personaje.

Esa fascinación por los diarios de escritores

Comentarios2

  • La Pilarica

    Interesante perspectiva. Gracias por la información.

  • Rapsodico

    Me gustó 😉



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