Escrivisiones XIII

ESCRIVISIONES. María Eugenia Caseiro [13]
Continuación:

BIFURCACIONES.

«Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo» Meditaciones del «Quijote» (I: 322) José Ortega y Gasset

Haciendo un poquito de historia, diremos que mientras somos niños y no conocemos la independencia, más que a través de todo aquello que aprendemos a hacer por nosotros mismos con ayuda de nuestros padres, aunque sintamos cierta atracción por lo que aún no podemos alcanzar por nuestros propios medios, sentimos también la sensación de bienestar que nos brinda el estar bajo el amparo y la custodia de La Familia. Hasta ahí, la vida posee para nosotros el encanto de la certeza implícita de ser elementos indispensables de un conjunto-familia y de no tener que preocuparnos por muchas de las cosas por las que se preocupan nuestros mayores, entre ellas, las circunstancias, a las que nos sometemos al amparo de la familia.

En el caso de los niños que han sido maltratados por sus familiares cercanos, otros que por diversos motivos han sido abandonados, y por lo que muchos ni siquiera llegaron a conocer a sus padres, la cosa cambia según el camino fortuito que hayan tenido que recorrer y aunque para la mayoría de estos casos ni siquiera se maneja el verdadero significado de la palabra infancia, estas personitas inocentes que se ven obligadas por “las circunstancias” a enfrentar la cara negativa del mundo, sienten la falta de ese conjunto familia al que deberían pertenecer y el dolor de la independencia a destiempo. Para ellos, y para todos los que han tenido que prescindir de su niñez producto de la adversidad en cualquiera de sus manifestaciones, hay consuelo y también hay esperanza. Todo ser humano cohabita con la parte de su ser que nunca deja de ser niño. En algunos yace dormida, pero todo lo que tenemos que hacer es soplar en sus narices esa peluse, liberarla a esa brisa de ilusión que se desprende de la vida misma.

Tenemos dos vidas: la verdadera, esa / que soñamos en la infancia, y la falsa, / esa que vivimos en convivencia con / los otros. ” Fernando Pessoa.

Acarreados por las diligencias del continuo acontecer, nuestro comportamiento, cuya correspondencia con el sistema límbico señalamos anteriormente, nos va apartando del inicio del camino y a su vez nos vamos desviando de lo que debería ser nuestro objetivo fundamental; mantener el balance y la orientación apropiada. Hay un momento en donde nos perdemos sin darnos cuenta, y es en ese choque con la eventualidad donde radica el colapso que destierra el arte natural y el principio mágico de la existencia distanciándonos del espíritu. A pesar que la añoranza no nos ha de abandonar de ahí en adelante, para muchos la transición sobreviene imperceptiblemente.

«La vida es lo que ocurre mientras estás ocupado haciendo otros planes. » John Lennon

Hablamos de esperar y desear como constantes en la vida del hombre, estas constantes se extienden o reducen con ayuda de la voluntad, facultad que tenemos en origen de elegir. Somos nosotros mismos los que asumimos cada circunstancia, con la probabilidad siempre presente, de hacerlo lúcidamente o no, de ahí que cuando torcemos el camino, esos rasgos de la personalidad que obviamente también poseen manifestaciones de índole genética, pueden además sentar las bases para una reprogramación equívoca del equipo perfecto con que ya contamos de naturaleza. Perfecto, porque posee la capacidad de establecer el balance y lograrlo si canalizamos sus mensajes y avisos (a pesar de los datos equívocos que le enviamos) para determinar la ausencia de equilibrio por medio de señales que nos advierten del peligro, como la intuición y la percepción que muchas veces ignoramos y terminan por dar fe de que nos estamos equivocando.

a. Cosmovisión.

«..Sobre las aguas del espejo, /breve la voz en mitad de cien caminos,
mi memoria prepara su sorpresa: /gamo en el cielo, rocío, llamarada.
Sin sentir que me llaman /penetro en la pradera despacioso,
ufano en nuevo laberinto derretido.
» José Lezama Lima

Goethe habló del comportamiento humano como un espejo en el que cada uno muestra su imagen. Cuando dejamos de enfocarnos en el equilibrio y la magia de la vida, en la ignota sabiduría del espíritu, extraviamos el camino dejando en el olvido la aquiescencia del arte natural para priorizar en la visión de nuestra imagen exterior y sus exigencias; una vez fuera de nosotros mismos, aunque pensemos lo contrario, nos observamos como seres aislados, que no pertenecen a un conjunto, y nos colocamos en un plano aparente donde comenzamos a ver esa imagen reflejada para perdernos en sus bifurcaciones.

Este “espejo” al que todos nos enfrentamos inalienablemente, no es otra cosa que nuestra propia visión del mundo que nos rodea, la interpretación individual que influye de manera determinante en el comportamiento y este último, una vez manifiesto, no hace otra cosa que cumplir con su función en cadena al tiempo que reitera esa versión personal de cada ámbito, ya sea por medio del propio comportamiento que además es una forma de expresión o lenguaje, o con el uso del lenguaje que cumple una función del comportamiento.

«En aquel tiempo los chinos creían que los peces eran almas fugadas. Inmóviles, los miraban hora tras hora. Y si un pez atravesaba su imagen reflejada tenían el convencimiento de que aquel animal era parte de su propio ser.» La verdadera historia de Pátzcuaro. Max Aub

Como aquellos peces intentamos atravesar nuestra imagen reflejada, atrapados en esas bifurcaciones en las que cada cual tiene diferentes perspectivas del entorno, según el plano de la bifurcación en que se encuentre, plano que a su vez está afectado por el lugar, orientación y actitud del individuo, sumándose a ello la propia voluntad versus las circunstancias y el momento histórico que a su vez están sujetos a todo imprevisto, estructura en las que los demás, nos ven distorsionados desde el punto de vista del plano en que se refugian, el cual, al tiempo que presenta todos los elementos que dan complejidad al nuestro, acciona con la marcada diferencia de la individualidad y sus caprichosas posibilidades.

Según sean los agentes ingénitos o adquiridos que afecten el criterio individual, añadidas las constantes del desear y esperar que se precisan según la voluntad de cada individuo versus el tiempo y las circunstancias, nos reducimos o amplificamos para convivir con los requisitos de cada bifurcación y las exigencias del plano en que moramos, y así sucesivamente se incrementan las falacias de ese mundo aparente, y en medio de configuraciones ociosas se extravía el vínculo con nuestro propio espíritu.

b. Semiótica.

…Y en el mundo, en conclusión,/ todos sueñan lo que son/ aunque ninguno lo entiende. ”
La Vida es Sueño
(v. 2175-77) Calderón.

Al hablar del plano en que moramos, sobrentendida la facultad de elección que nos está dada en origen, cabe señalar que esta última no es requisito para que lo determinemos de manera consciente; existe un impulso que interrelaciona al individuo espontáneamente con aquella parte de sí que ha relegado y que a su vez sigue afectando, de manera contradictoria, ese plano externo, impulso que cobra cierta influencia en las posibles respuestas del individuo ante las circunstancias y/o rutas, a saber variables, entre el pronóstico personal versus la eventualidad que lo articulan con su entorno.

Hagamos un paréntesis para establecer que existe una diferencia entre ese plano exterior del que estamos hablando y el otro intuitivo, íntimo (del espíritu) que podría terminar desplazado por este plano externo y aparente, diferencia dada por la contradicción del propio individuo entre la intuición y el propósito. Tales actitudes recaen directamente en la conducta del individuo y seguidamente en la conducta social, y la suma de incesantes factores nos trae al cumplimiento de una condición elíptica, o de onda expansiva si se prefiere llamar, que, según sea la naturaleza de nuestro desempeño en ella, sumados “el bien y el mal”, redundará favorable o desfavorablemente en dicha condición. Lo mismo si rompemos con las formas trazadas por nuestra conducta, se cumple la condición elíptica, aunque cuando cambiamos el plano íntimo e intuitivo por el otro aparente y quimérico nos comportamos como almas fugadas de nuestro propio ser.

Ese impulso que nos relaciona anárquicamente entrando a formar parte de ambos planos, entre consciente e inconsciente; entre la razón y el instinto; entre la virtud y la lógica; entre la capacidad y el límite, refleja esa interrelación análoga con el plano exterior: el individuo versus el entorno; la interpretación versus la proyección; la intención versus las circunstancias.

La repercusión del comportamiento (manifestaciones de la conducta, expresión o lenguaje) que representa el espejo, con toda su gama de imágenes, emblemas y enigmas; en el tiempo (mecanismo de la existencia) como medio de correspondencia del individuo con su entorno, trasciende e interfiere en la disciplina o el caos para cada plataforma específica en el propio tiempo. La conducta, que lleva implícitos el deseo y la espera, nos coloca en un lapso de duración pasado-presente contenidos la herencia o genética, la tradición y el hábito, y otro lapso presente-futuro producto del anterior, contenidos el transcurso, la dilación y la caducidad del propio tiempo, en vez del lapso de perpetuidad al que deberíamos aspirar.

No niego que estos pensamientos pueden involucrarnos en un debate ideológico, como tampoco es mi deseo hacer declaraciones que denoten en modo alguno una opinión sectaria que bajo ningún concepto, ofenda o discrimine a nadie y he tratado de observar esta regla a todo lo largo del presente trabajo, por lo mismo sostengo que cada cual debe hacer sus propias reflexiones reiterando así el propósito de plantear el enigma y dejarlo como tema de análisis cuya principal intención, es llegar a conclusiones que nos empujen a actuar en armonía con el universo cósmico.

c. Mecánica.

Cuando debemos hacer una elección y no la hacemos, esto ya es una elección.
William James.

Tratamos de acercarnos al conocimiento y al mismo tiempo que a cada paso descubrimos nuevas rutas que parecen acercarnos a la sabiduría y la verdad, nos adentramos en un laberinto cuyos enigmas siguen sin resolverse, seductores y obstinados en las profundidades de su exquisita sustancia y esas profundidades a su vez, se convierten en bifurcaciones que nos llevan muchas veces a olvidar el propósito, en lo que el tiempo marca un compás de efecto irreversible y el impulso, o lo instintivo, se debilita ante la provocación de los factores externos que influyen en la conducta. Dice Rabindranãth Tagore: “La ilusión de la sabiduría es como la niebla del amanecer. ” Este pensamiento que compara la intención y la ilusión cuando proyecta a la sabiduría como el gran sueño del hombre y a la niebla del amanecer que representa la confusión y el desconcierto que nos ocasiona alcanzar ese sueño nos conduce a la reflexionar. ¿Es ese puente entre lo que somos y lo que queremos determinar el mismo que nos conduce, y a la vez nos aleja del final del camino? “Sabemos decir muchas mentiras con apariencia de verdades, más sabemos, cuando queremos, proclamar la verdad. ” Teogonía de Hesíodo

Dentro del plano interior (efecto) ese puente entre la intención y la ilusión aparenta la única la vía de acceso (laberinto del espejo) a lo desconocido. Si nos figuráramos su gráfico, no podríamos ilustrarlo de forma general porque sus torceduras serían disímiles en dependencia de la individualidad a la que estaría supeditado. Con respecto al plano exterior (causa) podríamos ilustrarlo como horizonte en el lenguaje del comportamiento, aplicando una fórmula gráfica que se dice fue inventada para la escritura: el palíndromo, por el poeta griego Sótades en el siglo III antes de J.C. Así comprenderemos ese cumplimiento, interpretándolo de de la misma manera que puede leerse un palíndromo; de izquierda a derecha o a la inversa, de ambas formas dice lo mismo: (somos o no somos), horizonte inalcanzable hacia el cual todas las torceduras o bifurcaciones están determinadas a indeterminarse. Tal vez sea el motivo que nos hace caer en una rutina fatalista ese no lograr salirse de la constante, mecanismo de causa y efecto.

Antes de suponernos prisioneros en nuestra celda de viajeros, comencemos a observar y mejorar nuestra participación individual dentro del conjunto al cual pertenecemos y que representa la esencia fundamental del universo, para que cambiemos la rutina fatalista otra perspectiva de vida, sabiendo que somos solamente viajeros en el tiempo. Lo principal es la seguridad de sabernos seres importantes, que debemos cuidar nuestra salud, término que se extiende más allá del plano físico interesando el plano espiritual para dar mejor y mayor servicio a la vida, porque conocido ese mecanismo de causa y efecto, estaremos seguros que mientras mejor sea la energía que aportamos al cosmos o entorno, más y mejor energía recibimos de éste. “El hombre no puede saltar fuera de su sombra” dice un proverbio árabe y tal vez esa “sombra”, mecánica a la que estamos supeditados, no sea tan negativa como parece, si aprendemos a revertir la energía intención -voluntad, que en el plano interior si puede modificarse; de negativo a positivo; de oscuridad a luz; de individualidad retrógrada a individualidad en función del colectivo; dando paso al cambio en el plano externo que redundará en utilidades para ese desempeño en el mecanismo de causa y efecto.

Para hacer una elección se necesita comprender cada alternativa y si ya hemos tomado un camino, sea cual sea, seamos todo lo mejor que podamos ser; por algo estamos aquí y ahora. Si enfilamos proa al universo, sería bueno saber que en vez de prisioneros, somos sencillamente pasajeros, pero sobre todo un conjunto Alma.

Continuará……….
Adelanto para la próxima entrega:
EN LAS FAUCES DEL TÚNEL.
I. Desvío al Olvido.

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Comentarios5

  • beby

    mente mirarnos un encanto la nota .yo estoy concurriende qa un taller de autoayuda,y eso tema siempre lo hablamos .yo pienso que uno tiene que empesar a quererse uno para despues ver la vida de otra forma ,no jusgar siempre al que esta enfrente,mirandonos un poco dentro de uno y analisar como nos encontramo,si das amor lo recibiras es un ir y venir,,la vida es hermosa ay que cuidarla,,yo vivo sola tengo 70 años siempre le doy gracias a DIOS por lo que tengo ,y valoro mucho lo que me rodea ,a la gente a mi jardin a mi perra ,mi casa ,mis hijo y nietos,me encnta observar el cielo de noche ,cuando esta esta estrellado lo imagino un techo ahujereado,hasta pronto beby

  • Marisa Aragón Willner

    que te diría Mariu, este es un bellísimo artículo acerca de la naturaleza humana , su aprendizaje y su correlativa enseñanza y los comportamientos con los que el hombre , en tanto humano, llevara a la sociedad en la cual le toque vivir, aquella que constituye su entorno , dejando lo mejor de si es lo esperable .
    queda claro en tu articulo las influencias que irá recibiendo desde las enseñanzas y amor de sus padres hasta las que le prodigue ese entorno donde hará sus principales convivencias, dando y recibiendo.

    nada mejor que la cita de _Fernando Pessoa sobre sus dos vidas.

    de tu palabra, siempre lo mejor
    con cariño y amor por la Vida .

    Marisa Aragón Willner.

  • MARIA DEL CARMEN ESCOBAR

    MARIA EUGENIA, COMO SIEMPRE SORPRENDIDA POR TUS ESCRITOS.
    FELICITACIONES, LA CONDICION HUMANA PARECE FACIL ANALIZARLA, PERO ES MENTIRA, EL DIA QUE LOGREMOS ENTENDERLA YA NO HABRIA LUCHA.
    LAS FRASES QUE ESCOGES PARA TU EXPOSICION SON HERMOSAS, JHON LENON, FERNANDO PESSOA, MAX AUB Y OTROS TE OFRECEN LAS HERRAMIENTAS PRECISAS PARA LO QUE ESCRIBES. UN ABRAZO
    MARIA DEL CARMEN

  • Migdalia B. Mansilla Rojas

    Un estupendo artículo, apéndices estupendos que ilustran de maravilla tus reflexiones y buen discurrir en el tema tratado.

    Una alegría y entes caso además, un encontrarse en tus palabras.
    Besos y felicidades.
    Migdalia

  • Migdalia B. Mansilla Rojas

    Fé de erratas:

    Un estupendo artículo, apéndices justos que ilustran de maravilla tus reflexiones y buen discurrir en el tema tratado.

    Una alegría y en este caso además, un encontrarse en tus palabras.
    Besos y felicidades.
    Migdalia



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