Entrevista a José María Merino (Segunda Parte)

Entrevista a José María Merino (Segunda Parte)

Un amonites que emite señales de tiempo hecho materia y que sobrevive al dibujo circular y eterno que es la existencia del universo (para nosotros, mortales humanos, la vida parece tan infinita) . Un viejo fósil que señala el paso del tiempo y, a la vez, las formas que tiene de dejar registro de sus infinitos instantes. Un fósil que, se cree, tiene algún tipo de parentesco con los Nautilus, a los que muchos denominan fósiles vivientes, debido a los escasos cambios que ha sufrido la especie con el correr de los años. Un fósil que me llevó de forma inmediata a Verne, a sus mundos, a su peculiar submarino…

¿No es verdad que todos llevamos un conjunto de imágenes que, a modo de objetos paleontológicos, nos permiten retornar a determinadas a experiencias y analizarlas? Recuerdos que nos transportan de un segundo al siguiente a otra época; a esos instantes que quedaron grabados como el tiempo en el ammonites de Merino. ¿Quieren saber más sobre la relación de Merino y la memoria? No se pierdan la segunda parte de la entrevista (aquí pueden leer la primera entrega). Aprovecho también para invitarlos nuevamente a acercarse a «La trama oculta», un libro que no los dejará indiferentes.

—Qué curiosa la historia de Souto: la forma en la que ese personaje se involucró en tu escritura y que, en cierta forma, se apoderó de tu creación literaria. ¿Dirías que Souto es tu doppelgänger? ¿Crees que hay en el acto de la escritura un control bastante dudoso por parte del autor? ¿Te cae bien Souto?

—El hecho es que, cuando hace casi treinta años escribí un cuento titulado “Las palabras del mundo”, le di al personaje central el nombre que no debía… En una edición posterior se lo cambié por el de Souto, y a estas alturas ya ha sido protagonista, y hasta autor, de diez cuentos, muchos minicuentos y una novela corta, por lo menos…

»Algo debe tener de doble mío, pero no me molesta, porque la verdad es que siempre se interna en peripecias que yo no viviría con demasiado gusto. Es como un explorador interior que me acompaña. En cuanto a caerme bien o mal, lo veo como lo que es, un tipo más bien sorprendido por el papel que le ha tocado jugar en este mundo, lo que hace que no me resulte antipático. En cualquier caso, creo que en la escritura el autor, pese a su control general, no puede evitar ciertas “lógicas secretas” que pueden producir efectos imprevistos.

Entrevista a José María Merino (Segunda Parte)

Incorporas en la mayoría de las narraciones una fantasía un tanto lovecraftiana, aunque dotando de comicidad esos desenlaces en los que Howard se habría abrazado al horror. Personajes fantasmagóricos tales como dobles en esta vida y en otras paralelas, por poner un ejemplo. ¿Cuándo sentiste que en ese doblez había un germen literario? ¿Por qué crees que nos intriga tanto explorar ese espacio que delimita ficción y realidad, vida y muerte? ¿Por qué te interesa a ti?

—Seguramente la sombra de nuestro cuerpo, esa que nos sigue a todas partes, fue uno de los primeros elementos que estimularon el pensamiento simbólico del ser humano. Y sería un poco estúpido pensar que la realidad está perfectamente clara, que es siempre comprensible.

»Aunque vivamos en un mundo donde demasiados sectarios, desde los nacionalistas de toda índole a los fanáticos religiosos -los yihadistas serían el ejemplo límite- se empeñan en ver las cosas solamente de una forma y sentirse bloques homogéneos, yo aborrezco la Fe con mayúscula, creo en la complejidad del ser humano, en su condición diversa, en los mestizajes culturales…y en lo extraño de la realidad. Claro que en hay en mí varios yoes, por lo menos dos a partir de esa “simetría bilateral” que me conforma, que nos conforma, físicamente.

—¡Qué bello el cuento del ammonites! ¿Hay en esa narración un homenaje a Julio Verne y sus misteriosos mundos?
—Me entusiasmó Verne cuando era niño, y luego toda la llamada “ficción científica”. Pero pienso que en ese cuento hay sobre todo una percepción, acaso melancólica, del tiempo como elemento implacable…

»Además de ese ammonites tengo otros, y una pieza lítica antiquísima, una especie de raedera–percutor anterior al homo sapiens. Me gusta manosearlos y sentir la infinidad de tiempo que está depositado en ellos, y junto al cual mi tiempo particular es imperceptible, sencillamente…Quise transmitir en el cuento esa sensación.

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—Te distingues por tu interés por narrar en segunda persona. ¿Qué te ofrece esta persona a la hora de narrar que no encuentras en la primera o en la tercera?
—Utilizo la segunda persona cuando considero necesario un punto de vista que debe estar a la vez dentro y fuera del personaje, un punto de vista que resulte como una primera persona objetivada, si puede decirse así.

»En mi última novela, El río del edén, utilicé solo esa persona. Pero a mí me gusta emplear todos los recursos formales de la expresión literaria, y me parece fundamental encontrar el punto de vista más acertado para cada historia que se narra.

—En este libro hay ficción y fantasía pero también un realismo espeluznante. Hablas de silencios familiares, competencia entre hermanos de sangre, abusos de todo tipo, miedos en todos sus colores, violencia doméstica. ¿Crees que la fantasía es un buen canal para entender la realidad?
—Creo que la ficción literaria, sea realista o sea fantástica, es el mejor instrumento que tenemos los seres humanos para descifrar nuestra condición y conseguir entenderla mejor. Para ello no hay ningún otro instrumento que se le pueda comparar.

»Al fin y al cabo la psicología es hija de la literatura: Freud, por ejemplo, era un gran lector… Somos un animal social, como dijo el clásico; en nuestras relaciones de todo tipo está todo lo bueno y todo lo malo que tenemos, y la literatura nos permite desvelarlo, por el camino del realismo, del esperpento, de lo ominoso, de lo fantástico…

—¿Cómo se escribe después de haber recibido tantos premios y elogios? ¿Qué cambió en tu escritura desde «El caldero de oro»?
—Con el paso de los años he descubierto que ni los reconocimientos ni las buenas críticas te enseñan a escribir mejor… Yo me paso muchas horas escribiendo, y lo que he ganado con los años es tiempo para poder dedicarme a ello y para poder reflexionar todo lo posible sobre lo que hago. Porque, por lo menos en mi caso, la escritura nace de la intuición pero se desarrolla mediante la reflexión y el esfuerzo.

Entrevista a José María Merino (Segunda Parte)

—¿En qué te ha cambiado «La trama oculta»? ¿Se puede decir que después de escribirla has entendido un poco más los hilos que unen fantasía y realidad, vida y ficción?
—Para mí cada libro tiene algo de experimento, de intento de hacer algo que no he hecho antes, porque no hay cosa que más me aburra que repetir lo ya realizado. Este era un libro un poco rompecabezas, que planteaba ese problema de unidad y de coherencia al que he aludido antes, y después de darle muchas vueltas conseguí resolverlo.

»Lo cierto es que he aprendido un poco más, y además, como digo en el prologuillo, resulta que me ha salido un libro que es un “arca de noé” de todas mis especies cuentísticas. Un libro-balance, acaso.

—¿En qué estás trabajando ahora?
—Tengo el borrador muy avanzado de una novela, que estoy dejando reposar para terminarla el próximo verano, y me he metido a hacer una versión en español contemporáneo de Calila y Dimna, ese libro mítico que salió de la India pasando por Persia, que luego se tradujo al árabe, y que fue puesto por fin en castellano a mediados del siglo XIII por orden del rey Alfonso X El Sabio.

»Se trata de un libro inaugural para el cuento, ya no en el ámbito hispánico, sino en el occidental. Un libro deslumbrante, que tal como está, en castellano arcaico, solo los eruditos pueden entender. Un proyecto que me ha entusiasmado, y que ya tengo prácticamente concluido…

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