El paisaje en la obra de Emily Brontë

De la naturaleza como representación del símbolo a la naturaleza como símbolo en sí misma. La gran novela de Emily Brontë que cambió la perspectiva de este vínculo.

Emily Brontë

Se cumple un nuevo aniversario del nacimiento de la quinta hija del matrimonio entre Patrick Brontë y Maria Branwell, Emily, la segunda de las tres escritoras más populares de la Inglaterra del siglo XIX, las hermanas Brontë . No podemos evitar dedicarle un artículo a esta autora que nos sigue fascinando a todos. Un homenaje a su obra más conocida, que sigue sorprendiendo y atrayendo a miles de lectores en todo el mundo. Hoy vamos a hablarte de la forma en la que esta autora trabaja el paisaje en su novela Cumbres borrascosas. No dejes de leerla.

La naturaleza en la literatura

Una de las cosas que nos regaló el Romanticismo al porvenir fue la idea de que somos parte integral de la naturaleza y que la literatura debe dar buena cuenta de ello. La literatura del Siglo XIX se apoyó en esta herencia y continuó trabajando con ella. La obra de Emily Brontë es un buen ejemplo de una forma de pensar el paisaje en la escritura.

A lo largo de la historia de la literatura la forma de representar la naturaleza ha ido cambiando. En la tradición clásica el paisaje se encontraba controlado por el afán de equilibrio y orden sometido a la medida humana; con la llegada de la Edad Media y la sacralización de la vida, comenzó a funcionar como el reflejo del orden divino, una forma de imponer atención y normas en el comportamiento humano. El Romanticismo daría un giro importante que traería un cuidado moderno sobre esta relación. La naturaleza dejó de ser un simple telón de fondo y se convirtió en una fuerza salvaje e imprevisible con una gran carga espiritual y emocional.

Entrar en el Romanticismo nos invita a llegar a la obra del poeta William Wordsworth, donde la contemplación y la experiencia espiritual están en el centro. En sus poemas, el paisaje es un eslabón que uno la armonía interior con el orden del mundo. La naturaleza tiene una dimensión reveladora que alcanza cuotas sublimes en algunos versos. La forma en la que la naturaleza penetra la lengua es a través de una reconciliación, de cierta integración con el ser; eso cambiará con Brontë.

En algunas novelas el paisaje funciona simplemente como un marco sobre el que situar el conflicto. Permite plantear una atmósfera reconocible sobre la que se asienten los personajes y ofrece a los lectores el contexto físico para sumergirse en la historia. Es una manera de pensar el paisaje bastante reducida, quitándole otras muchas facetas y posibilidades que ofrece.

En Cumbres borrascosas ese paisaje cumple más funciones. Una muy importante es sostener el ritmo. El paisaje aquí es una conciencia que se extiende sobre la conciencia de los personajes, acompaña sus emociones, las dirige, intensifica las experiencias. El páramo de esta historia cumple una función importantísima en el desarrollo de la trama, como si la propia naturaleza la encarnara. Esto le otorga al paisaje fuerza narrativa: el viento, las colinas desérticas, la lluvia, la paja del camino traducen visualmente el mundo interior de los personajes. Catherine y Heathcliff no viven en el páramo, son el páramo.

Cumbres borrascosas de Emily Brontë

La novela de Emily Brontë introduce una nueva manera de pensar la naturaleza en la literatura

El paisaje que no es un decorado

En Cumbres borrascosas la relación con la naturaleza es conflictiva. No hay reconciliación ni tampoco la naturaleza se presenta como un orden superior que organiza la vida, es más bien un estado nuevo en el nuevo, cambiante, imposible de domesticar, es el plano físico donde se desarrolla la lucha contra la muerte y también la explicación sobre la personalidad de las criaturas. En la naturaleza existe con una intensidad que supera cualquier intento humano de controlarla.

Desde que comenzamos la lectura, el viento es una entidad constante que golpea la casa, provoca interminables inviernos y consigue mantener a raya el desierto en el páramo. El paisaje es la respiración y atraviesa esas dos casas, que podríamos leer como dos maneras de habitar el mundo. También las diferencias entre ambas se muestra mediante el paisaje: Cumbres Borrascosas y la Granja de los Tordos, dos lugares que organizan un universo simbólico muy específico, que definirá la novela y nuestra mirada sobre la escritura de Emily Brontë.

«Cumbres Borrascosas» aparece expuesta al viento, construida para resistir la violencia del clima. Es una casa áspera, de piedra, donde la naturaleza parece penetrar constantemente en el interior. Allí dominan la fuerza, el conflicto y las pasiones extremas. «La Granja de los Tordos», en cambio, representa el espacio domesticado. Sus jardines, sus ventanas y sus interiores confortables reflejan el ideal victoriano de orden, refinamiento y estabilidad.

A lo largo de la novela, la autora plasma formas distintas de relación con la naturaleza y en la tensión entre lo indómito y lo domesticado crece el gran tema y el conflicto central de la novela. Sin lugar a dudas, una autora a la que conviene acercarse para entender el lazo que establece la literatura con la naturaleza. ¡Y qué ganas de releer la gran obra de Brontë! ¿No?

Una escena de la adaptación de Cumbres borrascosas de Emily Brontë

El páramo se funde con las experiencias de los personajes de Emily Brontë



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