El mensaje literario

A lo largo del tiempo han existido una gran cantidad de teorías acerca del lenguaje como forma de expresión de los seres humanos. Lingüistas de todas las épocas y continentes han dedicado extensos ensayos a hablar de este tema.

En este artículo recogeremos brevemente lo que significa el lenguaje literario y cómo y por qué se lo diferencia del habla, o lenguaje coloquial.

Las diferencias básicas del mensaje escrito y el oral residen en las estructuras utilizadas.

Cuando hablamos nos expresamos en términos convencionales, ligados a una serie de códigos establecidos por la sociedad de la que formamos parte y no le damos demasiada importancia a la belleza o colorido de nuestras expresiones. El fin fundamental es hacernos entender sin dar muchas vueltas.

En el lenguaje literario aparecen elementos que, si bien podrían formar parte de un mensaje coloquial, no son inherentes a él. Se pretende del mensaje escrito corrección y unas formas estructurales más exigentes, a fin de conseguir una expresividad colorida y que tiende a la belleza.

La palabra como instrumento

Llegado este punto es necesario aclarar que, si bien algunos autores al escribir intentan utilizar un lenguaje más cotidiano, más cercano a las formas presentes en el habla, esto no significa que no se aferren a un mensaje literario, sino que lo complementen con una estructura adaptada a la realidad.

Antonio Machado estaba convencido que la palabra era un instrumento para el cambio y que al escribir poesía la dificultad residía en armar un mensaje capaz de llegar a la sociedad a la que iba dirigido sin perder la estructura propia de un mensaje literal.

Transformar el habla en mensaje literario

En este punto llegamos a la pregunta fundamental de la literatura ¿cómo se convierte en un instrumento literario ese material que sirve para la comunicación ordinaria, el cual ha sido constituido con otros fines?

Las respuestas a esta pregunta se encuentran en la historia de la poética, a la cual se le han atribuido diferencias puntuales, con respecto al lenguaje usual o no literario, de propiedad, pureza y corrección.

Para algunos autores el lenguaje literario difiere mucho del ordinario, en mi caso coincido con Binns cuando dice que el lenguaje que debe utilizarse al escribir es el de la vida diaria, combinándolo con una cierta corrección y estructura para que pueda ser completamente entendible.

Es necesario entonces que el escritor conozca a fondo su propio lenguaje y aprenda a combinarlo con formas cotidianas de expresión, para lograr un mensaje claro y rico, para cuyo entendimiento no sean necesarios grandes conocimientos, pero que a través de él pueda conocerse más a fondo la lengua.

Mensaje lingüístico, según Barthes

Muchas veces el lenguaje lingüístico va acompañado por imágenes o símbolos, los cuales pueden colaborar significativamente con su entendimiento.

Dichos símbolos, según Barthes, poseen dos tipos de funciones en el mensaje lingüístico: la de anclaje y la función de relevo. La primera es una función denominativa, que permite la unión entre el mensaje y la imagen con el que se corresponde, colabora significativamente con el reconocimiento y la interpretación del lenguaje.

La función de relevo se refiere a un intercalado entre el texto y la imagen, se trata no de interpretar el mensaje escrito sino complementarlo; esta función se encuentra sobre todo en las historietas, cómics o relatos ilustrados.

Los símbolos o lenguaje icónico a veces exigen una serie de conocimientos o una habilidad interpretativa puntual de parte de los receptores. Ese saber necesario para entender el mensaje es denominado por Barthes como léxico, la cantidad de léxicos incorporados en un individuo constituyen su idiolecto.

Concluyendo

Podemos decir que el lenguaje literario difiere del habla coloquial por su estructura. Al escribir necesitamos expresar lo que en la realidad no precisa ser explicado, describir un personaje o lugar, sin elementos visuales que colaboren y ofrecer una obra con una determinada belleza literaria, que presente ciertas condiciones que serían anodinas en el habla coloquial.

Una descripción rodeada de adjetivos y colores en un relato puede resultar sumamente enriquecedor, pero si una persona con la que nos encontramos comienza a describirnos algo de una forma literaria, seguramente nos aburriremos o le diremos -¿por qué no vas al grano de una vez?.

Como escritores puede sernos de suma utilidad comprender las diferencias entre ambos lenguajes, para saber de qué forma usar cada uno.

Es necesario aclarar que en una obra narrativa en la que se desee incluir diálogo entre los personajes, será necesario conocer el lenguaje coloquial del sector social al que pertenecen dichos personajes y adaptarlo al texto, intentando que dicho diálogo sea lo más natural posible, pero que sea entendible por el lector.

Indudablemente conocer el lenguaje lingüístico, con las herramientas propias de él y sus diferencias claras a la lengua coloquial puede ser de suma utilidad para saber cómo utilizar los recursos presentes en el idioma en el cual se escribe y a través de ellos ofrecer una obra completa y enriquecedora para el grupo de lectores al que va dirigida.

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