II. Lo que dicen algunos escritores de la escritura


Continúo con esta serie de artículos en torno a lo que los escritores piensan de la escritura. Sin duda, la mejor forma de aprender a escribir es escribiendo, pero también la experiencia de los y las que pasaron antes por esto puede sernos de gran ayuda. Este consejo que no vale para casi ninguna experiencia de la vida, sí puede ser útil en lo que hace referencia a la escritura. Segunda parte de esta colección de consejos reunidos en Lo que dicen algunos escritores de la escritura.
 
 

¿Por qué escribimos?

Llegamos a la escritura por diversos caminos. Sin atajos. Todos hemos caído en este oficio por una razón bien definida. Nunca es el producto de una casualidad. Por eso, para la mayoría de nosotros la escritura se convierte en una cuestión de vida o muerte. No es que muramos si dejamos de escribir pero simplemente no dejamos de hacerlo. Hay una necesidad. Un disfrute. De los que no queremos privarnos. Pero hay también sufrimiento, entrega, sacrificio. Bukowski decía que la escritura debe doler, con una comparación escatológica que seguramente has leído alguna vez.

Pero la escritura también es disfrute. Y es importante que mientras estamos escribiendo lo sintamos. La mejor forma de disfrutar es entender lo positivo de cada paso del proceso creativo. Y ¿qué mejor forma de disfrutar de nuestro trabajo que dando pequeños pasos sin ponernos ansiosos por el futuro? Para ello podemos apoyarnos en este interesante consejo que nos dejaba Steinbeck:

Una de las cosas difíciles en el oficio, y que debe entrenarse cada día, es la persistencia. Siempre vienen ideas nuevas a poblar nuestra mente y si no nos aferramos al trabajo que estamos haciendo es posible que lo novedoso acapare nuestro tiempo y posterguemos ese otro proyecto. Por otro lado, si siempre estamos pensando en lo que nos falta, el trabajo posiblemente se nos haga cuesta arriba. Teniendo en cuenta esto, lo ideal es trabajar cada día disfrutando cada pequeño pasito que damos. Si esto no ocurre, quizá el problema es que no hemos sabido escoger bien nuestro oficio.

Y una vez que tenemos algo que consideramos acabado nos conviene acudir a nuestros amigos lectores para ver qué opinión les merece a ellos. Nos conviene tener unos primeros lectores capaces de leernos con los ojos bien abiertos y de entender el sentido de nuestro trabajo. Asimismo, deben ser personas dispuestas a darnos una opinión sincera, incluso (o sobre todo) si lo que tienen para decir no es muy positivo. De esa crítica podremos sacar mucho. Es decir, esas palabras, pueden ayudarnos a pulir mejor nuestra escritura a fin de que al enviar nuestro manuscrito a una editorial esté más cerca de ser aceptado. Para decidir a quién darle nuestro texto nos puede valer este consejo de Margaret Atwood:

Empezar a escribir para escribir mejor

Pero seguramente una de las cosas más difíciles del oficio es la corrección; un paso en el que muchos se quedan por el camino. Para que no nos pase, nada mejor que apoyarnos en este buen consejo de Susan Sontag que dice que el acto de escribir exige muchísima entrega, y parte de ese dar implica tener una actitud abierta a que mucho de lo que a ti te gusta pueda ser recortado, susceptible de ser eliminado para permitir la formación de una obra redonda. La buena escritura exige de esa entrega y de ese recorte.

Pero para llegar a este punto nos vale este maravilloso consejo de Octavia Butler. Dice que no podemos pretender empezar a escribir bien desde el principio; la escritura exige un aprendizaje y una dedicación minuciosa. De hecho, dice:

Una buena forma de no fallar en el camino de la escritura es tener claras cuáles son las motivaciones de tus criaturas. Nos recomendaba Melville que antes de comenzar a escribir descubriéramos qué es lo que busca nuestro héroe para poder seguirlo. Seguramente es una buena manera de encarar la escritura, porque las metas van a estar claras desde el principio y aunque, seguramente tropezaremos varias veces, no es lo mismo que caminar a tientas en medio de la incertidumbre. Cosa que ocurrirá si no conocemos bien las motivaciones de nuestros personajes.

Por último, quizá tener siempre presente este consejo de Elmore Leonard nos sea de gran ayuda para creernos esa historia que estamos contando y para que podamos continuar trabajando, con ese disfrute del día a día al que nos empujaba Steinbeck, sin perder nunca el norte; pudiendo concluir nuestros proyectos. Leonard dijo lo siguiente:



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