Anne Sexton: Vivir o morir

Anne Sexton: Vivir o morirElizabeth Bishop, Jean Stafford, Jane Bowles, Shirley Jackson… mujeres valientes capaces de enfrentarse a un mundo que les imponía una norma, incluso una forma de hacer literatura. Rebeldes e insumisas asumieron el camino de la autenticidad para declararse a favor de una escritura limpia de pudores y vergüenzas impuestas por la esclavitud. De ese proceso de escritura libre y libertino surgieron libros y voces inolvidables en la historia de la literatura. Pero todo tiene en precio; y en esas autoras la exigencia fue igual para todas: la herida se encendía con el alcohol. Continúo hoy con el ciclo literatura y alcohol y les traigo a la bellísima-hipnótica Anne Sexton, otra escritora ineludible del siglo pasado que también estableció un lazo irremediable con la bebida, haciendo de ella su refugio-huida.

La poesía de Sexton no es desgarradora por sus características intimistas, sino porque ofrece una mirada sobre un mundo sórdido, el de los psicofármacos y la adicción, que coexisten con el esfuerzo desmesurado por convertirse en una mujer «normal»; impulso siempre derrotado por la mujer adúltera en una sociedad machista, la mujer que aborta, la mujer que menstrúa y escribe sobre ella. Eso es lo más fascinante de la obra de Sexton. No hay tabúes.  Por eso, al leerla pueden ocurrirte dos cosas: puedes sentir un gran pudor y abandonar la lectura para siempre, o sentir el impulso de dejarte llevar y asumir sus verdades, sus miedos y sus miserias como propios. En este último caso, crecerás y la poesía te permitirá reconocerte y reconstruirte. Entonces podrás comprender cuál fue el verdadero legado de esta mujer-maravilla.

El origen del mito

Pero antes de convertirse en la inmensa Sexton, Anne tuvo que pasar una infancia de violencia doméstica, con un padre alcohólico y maltratador, y una larga lista de familiares que padecían enfermedades mentales, entre los que se encontraba su madre (que se suicidó de la misma forma que lo haría Anne). De su padre, además de las dolorosas marcas en el cuerpo y en la psique, heredó la adicción al alcohol.

Es posible que ese pasado difícil de asimilar la haya llevado a acercarse a otra autora ineludible, y también enfermiza, Sylvia Plath. Y a construir lentamente pero de forma contundente una escritura maciza sin repulgues y escrita con absoluta valentía.

Mientras tanto, la muerte, a la que Sexton convirtió en protagonista ineludible de su obra. Muerte que, cuando abrazó con solidez y realidad, lo hizo emulando los métodos de su madre: dos vasos de vodka ya en el cuerpo, un tercero en la mano (por si acaso), y el motor encendido de su Cougar rojo con el garaje cerrado.

Anne Sexton: Vivir o morir

Madre abandónica-abandonada

La valentía de Sexton la convirtió en el punto de mira de la crítica más conservadora donde el mundo onírico y de las emociones más subterfugias no tiene cabida ni puede conducir a la perfección artística. Sexton demostró, como antes que ella ya habían hecho otros autores (autoras, generalmente) que se puede llegar a una escritura contundente partiendo de los desperdicios, de esos elementos, temas y colores que otros desprecian por ser demasiado vulgares. Porque la poesía vive en el mundo y sobre el mundo hay que escribir; es la sentencia con la que podríamos resumir su empeño poético.

Se dice que Sexton abandonó los estudios para casarse; lo que no dicen las biografías es que estaba buscando la forma de huir del nocivo hogar, de liberar a la bestia que llevaba dentro y que en las paredes de la mansión Sexton no conseguía hacerlo. Pero aquella ruptura no la llevó hacia donde realmente deseaba, porque las imposiciones sociales-familiares a veces pesan más que el deseo profundo de ser bestia.

Por eso, cedió para convertirse en madre; una madre ajena y desinteresada de sus hijas. Que padeció de depresiones posparto y que no pensó en sus hijos a la hora de quitarse la vida; así la dibujan sus biografías. Yo admiro su valentía por demostrarle al mundo que nadie puede imponer la maternidad y antes de ver a la madre abandónica  veo una Sexton niña golpeada que deseaba atención, que la buscaba en todas las camas posibles, que se encerraba a escribir y que se dejaba llevar a igual medida por la literatura y por el alcohol, con el deseo de escapar a toda esa estructura férrea que intentaba imponerle deseos, responsabilidades. Todas las decisiones deberían mirarse con lupa sin borronear el contexto; porque una misma historia podría ser escrita-contemplada-juzgada desde diferentes puntos de vista.

 

 

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Escribir para no morir, y morir finalmente

Ni los premios, que los tuvo en gran cantidad (incluyendo el Pulitzer que obtuvo por su obra «Vive o muere»), ni la impresionante atención que recibió su poesía en una época de grandes cambios sociales en el mundo, fueron suficientes para que Sexton sanara. Quizá porque de ciertas situaciones es difícil salir, no sin un amarre real, sin ese amor propio que distingue a los que verdaderamente consiguen ponerse a salvo de las vulnerabilidades y plantarle cara a las dificultades de la vida. Sexton no supo o no quiso hacerlo y se quitó la vida el 4 de octubre de 1974, después de haber almorzado con su editor y preparar la publicación del que sería su próximo libro, de publicación póstuma: «The Awful Rowing Toward God«.

A lo largo de su vida adulta Sexton acudió a muchos especialistas en busca de ayuda para luchar contra las múltiples enfermedades que le diagnosticaron: histeria, depresión, anorexia, insomnio. Pero no había salida para su herida psique. Mientras su malestar avanzaba, Sexton escribía como posesa, y se aferraba al vodka y al alcohol en sus diversos formatos. Mucho antes de quitarse la vida había decidido que lo haría pero aún no resolvía el cuándo: que fue el término de uno de sus libros más valientes y contradictorios. Su legado vive, ella muere. Digan lo que digan, sin Sexton la poesía que amamos, que nos mueve de raíz no existiría. Hay que leerla, como quien escarba tan profundo que llega a verse los huesos desde dentro.

Anne Sexton: Vivir o morir

Comentarios1

  • Rapsodico

    A mi parecer, si existen razones que justifiquen caer en la red del alcohol, la mujer tendría una más. Además de los problemas personales, cuestiones de identidad y otros factores, la imposibilidad y los cortapisas que la mujer ha tenido tradicionalmente para poder escribir con la misma libertad que el hombre es un añadido que amplía esa posibilidad. Un abrazo, Tes.

    • Tes Nehuén

      Tienes mucha razón, Rapsódico. Y cada individuo tiene sus razones para dejarse (y no) caer. Un abrazo grande y gracias por tu inteligente comentario.



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